La patria es una identidad surgida del territorio, los amigos, los ideales, las costumbres y logros colectivos; y por ende el patriotismo es la expresión de esos sentimientos que identifican al individuo con una colectividad que designamos nación. En España, el patriotismo, tiene graves carencias al no tener bien articulados los vínculos jurídicos, históricos y especialmente los afectivos. La patria es un concepto convertido en tabú debido al relato histórico de una izquierda revanchista que ha asumido desde la “Leyenda negra” hasta la soez manipulación de la bandera nacional como símbolo franquista. La nueva izquierda quiere promover un renovado patriotismo español, desmarcándose de una supuesta identidad nacional de una derecha que no ha sabido desprenderse de la herencia del pasado. Mientras en España no hemos cultivado el sentimiento patriótico, debatimos sobre nuestro proyecto común y seguimos sin lograr un acuerdo en torno a nuestros símbolos y señas de identidad, los nacionalistas esencialistas y románticos ganan enteros en su proyecto rupturista y tejen alianzas espurias para destruir la nación más vieja de Europa.

 

 

 

 

 

Muy a mi pesar, el único símbolo inclusivo que es aceptado de forma incondicional por todos los españoles, es la Selección Nacional de fútbol, una banalidad que pone más en evidencia, si cabe, la falta de consensos en los símbolos patrios. “Panem et circenses” fue una locución popularizada en la Roma clásica por el poeta Juvenal, y recogida en su “Sátira X”, señalando la decadencia del imperio y las malas praxis de los emperadores romanos en regalar trigo y entradas para los juegos circenses, evitando de esta forma que la masa popular se involucrase en política. En los tiempos modernos hemos sustituido las carreras de carros o la lucha de gladiadores por jóvenes vestidos de corto que corren detrás de una pelota, héroes y modelos a imitar; que mientras nos entretienen y alejan de la política mundana nos emocionan como símbolo de identidad movilizadora de la vieja España. Triste realidad, el balompié como única alegoría capaz de levantar los sentimientos y pasiones de orgullo hispánico, hoy aletargadas en Cataluña.

En tiempos de la mal llamada “memoria histórica” (falacia revanchista de los mal llamados progresistas) y asumiendo que el fútbol nos hermana y une a los españoles, creí conveniente hacer un poco de historia sobre la relación entre el Espanyol, Catalunya, guerra civil y la selección nacional de fútbol, y buscando una idea que los aglutinase salió espontáneamente el nombre de Zamora. El mejor cancerbero hispano de todos los tiempos, y probablemente el jugador de fútbol más querido y reconocido por todos los españoles. Ricardo Zamora, el “Divino”.

En el ya lejano año de 1920 se constituyó por vez primera la Selección de fútbol de España para participar en los Juegos Olímpicos de Amberes. Un jovencísimo portero, Ricardo Zamora, se convirtió en la figura del equipo hispano, logrando aquella selección nacional la medalla de plata de los juegos y que durante décadas sería el título más relevante alcanzado por el fútbol español, empezaba el inicio del mito de la “Furia Española”, y Zamora su elemento más representativo.

Zamora fue considerado el primer crack del fútbol español, en su honor se instituyó en 1959 el “Trofeo Zamora”, que premia al arquero menos goleado cada temporada en el fútbol español. Estrella rutilante del firmamento deportivo se convertirá en uno de sus mayores mitos de la historia del deporte y probablemente el ideal competitivo para muchos jóvenes, famosa era la frase que coreaban al unísono todos los escolares de la época: “Uno a cero, y Zamora de portero”. Llegó a protagonizar dos largometrajes, “Por fin se casa Zamora” (1926) y “Campeones” (1942).

Perico desde la más tierna infancia, fichó por el Espanyol con sólo 15 años, el club de su vida, disputando su primer encuentro el 23 de abril de 1916 en un partido frente al “Madrid Foot-ball Club” que finalizaría con empate a cero. Un enfado con la directiva le hizo firmar por el “F.C. Barcelona”, jugando como azulgrana durante tres temporadas y con los cuales consiguió, en 1920, su primer título, la Copa del Rey. Zamora, volvería al Español donde permanecería ocho años, compitiendo en su estreno liguero, ganando una Copa de España y dos Campeonatos de Cataluña, competición en la que fueron míticos los enfrentamientos con la otra gran estrella del fútbol catalán del momento, Josep Samitier. Más tarde, ficharía por el Real Madrid, que le contrató en 1930 por 100.000 pesetas de la época, más un salario mensual de 3000 pesetas y 150.000 pesetas de traspaso al Espanyol, siendo el fichaje más caro de nuestro fútbol durante varias décadas, con el que ganó dos Ligas y dos Copas.

En el Real Madrid, mantuvo su nivel y desarrolló otros, como escribir, iniciándose en el mundo del periodismo y de las tertulias. A nivel de selecciones fue 46 veces internacional con la española (fue récord en su momento, manteniéndolo durante 38 años), y su último partido con España lo disputó en 1934 en Montjuïc. Se retiró del fútbol en 1936.

Hombre comprometido, no se escondía de su ideología derechista, colaborador habitual del diario católico “Ya”, fue acusado de “fascista” por los populistas comunistas, calificativo habitual con el que los vigilantes de la corrección política acusan a todos los disidentes. El día 21 de junio ​​de 1936 en un homenaje que le hicieron en Madrid, terminó su discurso con un contundente “Visca Espanya!”, allí mismo un periodista recriminó a gritos que no pronunciase también un “¡¡Viva la República!!”, a lo que Zamora se negó. Ello le valió la recriminación pública de los medios habituales situados en la radicalidad izquierdista, y en aquellas fechas era inequívoco indicio de ser señalado peligrosamente. En verano de 1936, días después del levantamiento militar, fue detenido por milicianos de izquierda y trasladado a la cárcel Modelo donde le esperaba una muerte segura, como les ocurrió a miles de personas detenidas en la prisión madrileña y extraídas en sacas para ser asesinadas en Paracuellos del Jarama.

El hijo de Zamora recordaba su detención en una entrevista: “Venían a casa y se llevaban copas y medallas. Incluso se llevaron su coche. Una vez detenido, había un miliciano que cada día recitaba varios nombres. Eran individuos a quienes se llevaban y no volvían a sus celdas. En las listas apareció varias veces mi padre. Cada vez que pronunciaban su nombre el susto era tremendo. Ocurría, sin embargo, que cada comisario encargado de pasar lista lo incluía porque quería conocerle”.

Preso Zamora en Madrid, hubo un gesto de decidido apoyo durante el partido amistoso disputado por las selecciones de Valencia y Cataluña el 18 de octubre de 1936, cuando los dos capitanes, Martín Vantolrá (Cataluña) y Carlos Iturraspe (Valencia) subieron al palco de Las Corts para saludar al presidente de la Generalitat Lluís Companys, y Vantolrá suplicó al presidente: “Le rogamos en nombre de todos los futbolistas que se interese por nuestro compañero Ricardo Zamora que se halla detenido en Madrid, según nuestras referencias. Nos consta que no es fascista y es uno de los deportistas que más alto ha puesto el fútbol nacional con su esfuerzo”. Companys no hizo ninguna gestión, condenándolo a una muerte segura.

La nuera de Ricardo Zamora recordaba: “Estuvo a punto de ser fusilado. Él nos contaba que una vez iba a ser sacado de la cárcel con un grupo de presos, seguramente para ser fusilado, cuando fue reconocido por un miliciano que le salvó la vida. Le dijo que se fuera con él y consiguió que abandonara la cárcel y el camión que le hubiera llevado a la muerte”.

Efectivamente, la fortuna salvó su vida al cruzarse en su camino el escritor Luis Gálvez, un miliciano respetado, polémico y contradictorio, malagueño y anarquista e hijo de un general carlista. La descripción del suceso la contó Ramón Gómez de la Serna en una crónica firmada en el periódico argentino La Nación: “La aparición de Gálvez en las cárceles es una ráfaga de espanto. Se dirige a los presos en actitud estrepitosa y tono grandilocuente. Juega con las pistolas como un malabarista inconsciente. De vez en cuando salva a un hombre. Una mañana se presentó en la cárcel Modelo y salió a uno de los balcones del patio llevando del brazo a un preso. Exigió que se reunieran bajo aquel balcón todos los encarcelados y todos los milicianos de la prisión y pronunció a grandes voces este discurso: He aquí a Ricardo Zamora, el gran jugador internacional de fútbol. Es mi amigo y muchas veces me dio de comer. Está preso aquí y esto es una injusticia. Que nadie le toque un pelo la ropa. Yo lo prohíbo¨. Luego lo besó y lo abrazó ante los presos atónitos mientras gritaba ¡Zamora, Zamora!”.

Dos días después Zamora salía a la calle más asustado que nunca ante aquella protección insospechada. Como agradecimiento le entregó una fotografía dedicada con la siguiente frase que el mismo le dictó: “A Pedro Luis Gálvez, el único hombre que me ha besado en la cárcel”.

Liberado y ante la segura posibilidad de ser de nuevo detenido y asesinado por incontrolados se refugió, con su esposa e hijo, en la embajada argentina. Edgardo Pérez Quesada, encargado de negocios de Argentina en Madrid, consiguió que Zamora acompañado por su familia y por varias decenas de refugiados más abandonaran España en una de las últimas expediciones del pabellón argentino en 1937, llegando a Niza en abril de 1937 y permaneció en esta localidad francesa hasta el final de la guerra. Durante meses en la España franquista le dieron por muerto hasta el punto de que en Valladolid celebraron una misa funeral por su supuesto asesinato. El general franquista Queipo de Llano, en uno de sus muchos discursos radiofónicos, llegó a decir públicamente que “los rojos habían asesinado a Ricardo Zamora”. Tras varias semanas de incertidumbre, las autoridades nacionales tuvieron constancia de que Ricardo Zamora estaba vivo en Francia y le invitaron a regresar a nuestro país, aunque ‘El Divino’ prefirió seguir en Niza hasta que acabara el conflicto.

Arribado a Francia, concedió una entrevista al diario Paris Soir: “Fui siempre un hombre íntegro. Un español cien por cien. He servido siempre a mi Patria con amor y entusiasmo. Creía que al final de una carrera calificada de gloriosa tenía derecho al respeto de mis compatriotas. ¿Proyectos para el porvenir? No he sido fusilado, estoy contento. Me encuentro joven y fuerte. Amo a mi deporte más que nunca y no he pensado en abandonarlo”.

El 8 de diciembre de 1938 regresó a España, entrando por San Sebastián y Zamora disputó un encuentro a beneficio del aguinaldo del soldado entre jugadores del bando nacional y la Real Sociedad, jugando con sus compañeros en el Madrid Ciriaco y Quincoces.

Retirado del fútbol, se le concedieron la Gran Cruz de la Orden de Cisneros. Como entrenador dirigió al Atlético Aviación, Málaga, Celta de Vigo y Espanyol. Murió a los 77 años en su Barcelona natal.

JOSEP RAMÓN BOSCH

Empresari i historiador perico