Justo se cumplen 10 años de la final de Glasgow, la historia no hace falta contarla la conocen hasta los que no tuvieron la suerte de estar allí, incluso a lo mejor los que no tenían la suerte de ser pericos, porque sí… a pesar de la derrota fue una suerte estar en Hampden Park. Para los de mi generación era nuestra primera final europea en el extranjero, algunos tuvimos la fortuna de ver en casa la final contra el Leverkusen pero la mayoría no, y lo cierto es que en Europa poca historia más, los recuerdos más recientes de muchos en UEFA se reducían en un porrazo en la espalda de los maderos el día del Feyenoord en el Gol Sur de Sarrià que escocía de lo lindo.

Tal vez por eso la afición se volcó de manera sobrehumana, como hacen los pericos cuando la historia los convoca, además andábamos envalentonados, habíamos vivido en pocos años la final de Mestalla y la del Bernabeu. Lo que estaba pasando en esa Europa League era un guion que ya nos empezaba a resultar familiar.

Jamás olvidaré el desplazamiento a Lisboa cientos de pericos aullando cánticos de animación, todos a una, en los andenes del metro de la capital lusa, directos a uno de los estadios más bonitos que he visto en mi vida en Estádio da Luz, el espanyolismo era una fuente de optimismo, felicidad, pasión y sobre todo orgullo.

Recuerdo de la previa una espectacular comida entre pericos en el Restaurante Las Corbatas, allí conocimos una bonita historia… durante décadas y décadas cada vez que jugaba el Benfica de local se juntaban para comer un grupo de socios del Club portugués, eran siempre 21 y solo podía sumarse a la mesa otro seguidor cuando uno de los 21 fallecía, nunca antes, y así iban pasando los años de generación en generación. El respeto por el amor al fútbol de siempre jamás debería perderse, el sentimiento ni se compra, ni se vende…

¿Y Bremen? Ciudad de cuento para una eliminatoria con final feliz, compañía inmejorable, banderas al viento en la plaza de la catedral y los simpáticos cuatro músicos del famoso cuento de los hermanos Grimm ataviados de blanquiazul durante toda la jornada, estupendas y frías cervezas a la orilla del río que llevaba al Estadio, enormes frankfurts y sirviendo la comida en los restaurantes portentosas rubias con trenzas, que nos llevaban a cantar una y otra vez aquella mítica canción de Los Nikis de La Fiesta Medieval.

Glasgow ya fue otra historia, algunos nos fuimos unos días antes a disfrutar del país, otros el mismo día y por desgracia algunos se quedaron en tierra después de haber gastado dinero e ilusiones en un desplazamiento frustrado. Los que fuimos a invocar al espíritu de William Wallace a el monte Abbey Craig muy cerca de donde se libró la batalla de Stirling lo teníamos claro, Escocia era blanquiazul, nuestra lucha por la libertad se asemejaba a la del bravo guerrero escocés que de forma valerosa luchó y venció contra todo pronóstico al opresor británico en aquellas llanuras bélicas… Pero no pudo ser, el destino nos jugó una mala pasada, otra vez los puñeteros penaltis nos dejaron sin levantar un trofeo en Europa.

Todavía resuena cuando cambia el tiempo, en mis tímpanos el maldito himno plagiado del Arrebato cuando salíamos grada arriba hacía el retiro de la derrota. Mención aparte merece un socio del que me guardo su nombre que entre sollozos tuvo el momento de lucidez de su vida y soltó: ¡Y para una puta vez que me pongo falda tampoco me como nada! Así somos y así se siente el Espanyol, cada cual a su manera… Raros e ilógicos.

He oído decir en las últimas semanas demasiadas veces que estamos a punto de hacer el mejor Espanyol de la historia. ¡Oigan! Me conformo con uno que se parezca un poquito a aquel que anduvo entre Lotina y Valverde, Jarque (q.p.d) De La Peña, Tamudo, Luís García, Zabaleta, Riera, Kameni, Gorka, y esos gregarios de lujo que siempre estaban como Rufete, Moises Hurtado, Torrejón o Pandiani… Conviene recordar que el Espanyol, tiene historia y pasado, derrotas o victorias, pero nuestras y lo tuyo es tuyo por muy fea que salga la cosa, eso va grabado a cuchillo en nuestras memorias. Efectivamente Glasgow fue nuestro Leverkusen 3.0, la historia nos debe un título europeo, fichemos a Luís Garcias, De la Peñas, o Rieras, volveremos, sin duda… Benvenuto Mercato!

Robert Hernando

Perico porque el mundo me ha hecho así…