El común de los mortales establecemos, tanto en nuestra esfera privada como en la pública y profesional, unos objetivos vitales que nos ayudan a mejorar como personas, a superar las adversidades… en definitiva, a ser felices. Evidentemente, para alcanzarlos intentamos utilizar los medios más adecuados.

Como esposo y padre de familia mi objetivo es claro: amar a Inés y a mis 6 hijos cada día un poco más. Y para conseguirlo pido perdón cuando no he sido lo cariñoso que debiera con ellos, invito a mi mujer a una cena romántica de vez en cuando, dedico un tiempo a mis hijos para ayudarles en sus deberes, para salir en bici o jugar a fútbol en el parque…

Mi labor docente también me obliga a fijar un claro objetivo: educar a los alumnos, es decir, ayudarles a que afloren sus talentos intelectuales y humanos. A tal efecto preparo de la mejor manera posible mis clases, me hago el encontradizo con los alumnos díscolos o aquellos que tienen problemas de aprendizaje por el motivo que sea, exigiéndoles el máximo pero con el mayor grado posible de tono humano, de cariño…

Debemos trasladar la fijación de objetivos también al mundo del deporte, del fútbol de competición. Sin embargo, haciendo un ejercicio de memoria, no recuerdo que ningún directivo ni entrenador de nuestro querido Español en los últimos años haya establecido unos objetivos claros al planificar una temporada o, al menos, los haya comunicado públicamente… ¡Salvo este año! La falta de valentía, camuflada bajo el eufemismo del “partido a partido” nos ha condenado a la mediocridad. Sí, el dichoso “partido a partido” ha servido de biombo tras el que se oculta el fracaso de ciertos directivos, entrenadores y jugadores, porque ese tan manido tópico solo tiene sentido si se toma como medio para alcanzar un fin, un objetivo.

Hay quién ha tildado de poco ambicioso el anuncio de Quique Sánchez Flores, al principio de la temporada, de establecer el décimo puesto como objetivo fundamental del primer equipo, máxime cuando poco antes Ramón Robert hablaba del top 8, pero al menos se ha establecido un hito, una meta clara por la cual luchar. Este es el camino a seguir. Cuando finalice la temporada llegará el momento de analizar si se ha alcanzado el objetivo, si los medios han sido adecuados, de hacer autocrítica, de felicitar o exigir responsabilidades, de reflexionar acerca de cómo mejorar el rendimiento para la siguiente temporada… En definitiva, de fijar un nuevo objetivo para que el año que viene el Español sea aún un poco más grande.

Manuel Acosta

Historiador y profesor, colaborador de La Contra Deportiva