A veces imagino que soy del otro club de la ciudad y que no soy periquita. Me imagino yendo al campo con la camiseta y que nadie me mira porque van muchos, muchísimos, vestidos igual, y soy una más del montón. Me imagino bajando las Ramblas de Barcelona para comprarme una camiseta falsa de mi equipo y encuentro todas, de todas las tallas y de todos los modelos…hechas especialmente para los “guiris”.

Imagino que los lunes nadie se mete conmigo en el trabajo. Imagino leer la prensa deportiva y ver que han dedicado a mi equipo páginas y páginas enteras…¡y a todo color! Imagino que subo al Trambaix dirección Cornellá con la bufanda de mi equipo y nadie se da cuenta. Imagino que casi siempre ganamos y que tenemos todo el apoyo del gobierno autonómico y local.

Imagino que un día jugamos una final y todos los escaparates de los grandes almacenes de mi ciudad los han adornado con mis colores, y hasta han disfrazado varios maniquís, rodeados de muchas banderas. La gente ni los mira…es lo normal. Me imagino a veces que voy a grabar mi camiseta con el nombre de mi jugador favorito y nadie me mira mal; no me lo hacen escribir en un papel por si se equivocan. Por lo visto lo hacen cada día. Me imagino que subo a la planta de deportes de El Corte Inglés y mientras subo por la escalera mecánica ya voy viendo en un primer plano mi camiseta, también en todas las tallas, en todos los modelos, la segunda equipación, la de entrenamiento, el chándal, la sudadera…¡yo creo que hasta la del utillero!

A veces me imagino que cuando quiero ver la repetición de los goles y las jugadas de mi equipo pongo cualquier canal y enseguida las veo, repetidas, en cámara lenta, en varios formatos, con música, analizadas una y otra vez…y además veo entrevistas y reportajes con sólo un clic del mando a distancia. ¡Y las veo a cualquier hora del día!

A veces me imagino que los lunes, aunque mi equipo haya perdido, nadie dice nada, todos van a la par, comentan las jugadas, el resultado, y le echan la culpa a los árbitros. Todos piensan lo mismo, creen que son más que un club, y tan contentos.

A veces me imagino que mi hijo puede llevar su camiseta de su equipo favorito al entreno de su cole y nadie le dice nada. Nadie. Ni otros compañeros, ni el entrenador…e incluso puede ir libremente en el autobús sin que nadie murmure y sin que le miren.

A veces me imagino que el día que juega mi equipo refuerzan el transporte público de la ciudad y hasta el metro cierra más tarde. A veces me imagino que voy a un bar donde tienen televisión y si juega mi equipo pido por favor amablemente que pongan el partido, si no es mucha molestia. Y el camarero, no es que lo ponga…es que ya lo tiene puesto desde hace horas y lo ha anunciado en la pizarra de la entrada y tiene hasta un oferta de dos cañas por el precio de una…y todos, todos, están mirando el partido. Así, tan tranquilos.

Pero, cuando me imagino todo esto…salgo rápidamente de esa ensoñación, o pesadilla o…no sé cómo describirlo. Y entonces despierto y me doy cuenta que prefiero ser periquita. Prefiero ir solita en el trambaix con mi bufanda blanquiazul y que me miren, sí, que me miren…a veces hasta les guiño un ojo si estoy contenta. Sí, prefiero ir a una conocida tienda de deportes de la ciudad en plan “chulita” a pedir que graben mi camiseta con el nombre de Tamudo o de Piatti, sí, con dos tes. Prefiero ir a las tiendas de suvenires de las Ramblas y preguntar por la camiseta del Español y discutir con el “paqui” y explicarle que es el otro equipo de Primera, sí, de Primera División.

Prefiero aguantar el chaparrón muchas veces los lunes porque cuando lo han de aguantar los otros…¡lo doy todo! Prefiero explicar que me castigaron en el colegio por pintar en la pizarra “Duckadam t’estimo”, en honor a tan magnífico portero del Steaua que les hizo perder una final. Prefiero llegar de nuestro estadio a casa e ir directamente a Youtube si quiero ver los goles repetidos. Ni pongo la televisión…no los encontraré seguro. Prefiero espabilarme y salir corriendo del campo para que no me cierren el metro o el trambaix. Hacen horario normal claro; por lo visto no hay evento deportivo.

Prefiero dejar de leer la prensa deportiva, o, si lo hago, empezar por el final, a ver si encuentro una pequeña reseña. Prefiero en tiempos de Pascua pedir en cualquier pastelería la mona del Español, delante de todo el mundo, y, claro…tener que encargarla.

Prefiero tomar café en el bar más cutre del barrio sólo porque el dueño tiene un banderín roñoso del Español detrás de la barra. Prefiero emocionarme todavía cuando paso en el autobús por el viejo Sarriá. Prefiero reconocer que estuve horas llorando en la final de Leverkusen. Prefiero… sí, definitivamente prefiero ser periquita.

Rosario Mesas Company

Abogado

Socia Nº 1915.