Algunos dirán que desde siempre, otros que no hace tanto tiempo. Lo cierto es que los del Español siempre sentimos el menosprecio de aquellos que se dicen “catalanes” por el simple hecho de llevar un nombre que ellos desprecian. Español y Cataluña, para algunos es como el agua y el aceite. Cuando no tendría que ser así. Es más, conozco algún independentista que es del Español. ¿Curioso? Considero que es lo más normal del mundo.

Por otro lado tienes aquellos que odian a muerte todo lo que envuelve a este club. Que le desean lo peor y les gustaría verlo en primera catalana. Es más, brindarían con cava si el club desapareciera. La situación política que está viviendo Cataluña no ha favorecido en nada todo esto. Es más, lo ha multiplicado por mucho. Y es que algunos, a pesar de los años, se han quedado anclados en un pasado y nunca evolucionarán.

Como muchos sabrán el actual president de la Generalitat, Quim Torra, es un admirador de Daniel Cardona y de Estat Català. Como es lógico su homofobia contra todo lo español no hace falta que la expliquemos aquí. Y como iniciaré una serie de artículos dedicados al Español, la guerra civil, y sus jugadores, es bueno, para precalentar, conocer esta anécdota.


Era el 20 de diciembre del 1936. Un partido entre el Español y el Barcelona en Les Corts. El Español estaba perdiendo 5 a 1. Un incidente entre Lecuona y Vantolrà provocó que la grada se calentara. Tengamos en cuenta que acababa de estallar la guerra civil y el ambiente estaba caldeado.

En medio de aquel alboroto varios miembros de Estat Català saltaron al terreno de juego e increparon a los jugadores del Español diciéndoles: “Feixistes, que sou uns feixistes”. Antaño, como ahora, es el único insulto que se les ocurre a estos supremacistas que se consideran superiores porque pertenecen a una raza privilegiada. Comentarios a parte, en medio de una guerra, con el dominio político y armamentístico, aquella situación hubiera podido provocar una desgracia.

Por suerte en el campo de Les Corts había un grupo de milicianos de la FAI. Como anteriormente los otros, saltaron al campo, con sus fusiles, rodearon a los jugadores del español y les chillaron a los de Estat Català: “¡No los toquéis!”. Para que no ocurriera nada la FAI acompañó a los jugadores del Español hasta Sarriá y pusieron una patrulla para protegerlos.

La buena voluntad de la FAI quedó eclipsada al día siguiente. Al campo de Sarriá se presentó Dionisio Eroles Batlle, uno de los máximos dirigentes de las patrullas de control junto con Josep Asens, Aurelio Fernández y Manuel Escorza del Val. Eroles le pidió a Crisant Bosch Espín la lista de los socios del RCD Español. Por una de aquellas “casualidades” de la vida alguien se había encargado de destruirlas. De haber existido las patrullas de control hubieran actuado y esta anécdota hubiera sido el principio de un drama.

César Alcalá.

Periodista e historiador perico.

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1 COMENTARIO

  1. Sensacional artículo. La idea es magnífica… no me perderé ni uno… el dato final, que desconocía, es aterrador… esa persona que destruyó los listados de socios salvó un montón de vidas… fue un justo entre los justos, una suerte, sin saberlo, de Sanz Briz o de Schindler…

    Todo es opinable, pero a mí no me parece “lo más normal del mundo” compaginar separatismo y afición con el RCDE, pues me parece una fase, aunque ancdótica, algo bipolar. La pertenencia nacional es un sentimiento y la futbolística también lo es, y aquí vemos dos sentimientos encontrados, antagónicos, pues la percepción que uno tiene de la pertenencia nacional, sobre todo si es a una nación que no existe o no es reconocida como tal en el concierto de las naciones, conlleva hostilidad a aquella otra que, supuestamente, lo impide. De ahí que en el bagaje emocional de los nacionalistas prime tanto el amor, como ellos lo entienden, a su “nación” irredenta como el odio a la nación “opresora”. Difícilmente un separatista corso, que odia a Francia, se hará aficionado de un club que en su nombre lleva el gentilicio del país odiado…

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