Salía con todo Vicente Moreno en el campo del Mallorca. La ocasión lo merecía. Poder pasar a unos cuartos de Copa no se hace cada año y más en un club como el blanquiazul tan acostumbrado a las decepciones. El encuentro empezó con mucha intensidad. Jaume Costa se cargó con una tarjeta amarilla bien pronto tras derribar a Puado, quien se marchaba en velocidad y con peligro. Los bermellones inquietaron al Espanyol con la presión alta.

Los pericos no conseguían activar a Sergi Darder y la creación de juego quedó relegada a los intentos individuales de Puado y Aleix Vidal por banda. Los dos equipos se conocen muy bien debido a su disputa por subir como primero en Segunda. Aquella carrera de fondo se la llevó el Espanyol, pero el partido sería otra historia.

Takefusa Kubo volvió a cumplir uno de los tópicos del fútbol. Si por juego no se puede hay que intentar marcar a balón parado. El japonés se sacó de la manga un zapatazo inapelable en una falta y batió a Diego López.

Vicente Moreno introdujo a Melendo por Dimata buscando cambiar la dinámica. El canterano empezó con buen pie recuperando un balón y conduciendo con peligro una contra, pero su efecto se diluyó. El buen inicio de segunda parte duró poco. Los mallorquinistas durmieron el partido gracias a su buen oficio.

Los locales lograron el segundo gol tras un saque de esquina, Abdón. El Espanyol pudo recortar distancias tras un polémico tanto de Javi Puado. El VAR lo revisó durante cinco minutos y terminó validando el tanto espanyolista.

Quedaban veinte minutos, pero la sensación de frustración se adueñó del equipo y se personificó en la expulsión de Pedrosa en la última jugada. Un auténtico despropósito. Uno más para un club que necesita cambiar de dinámica de manera urgente.


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