Hoy quiero explicaros que últimamente he notado un cambio de actitud en toda la familia periquita. Y es que empecé a pensar en estas líneas cuando todavía estaba caliente la polémica sobre la nueva camiseta, nos enterábamos que un año más nos quedábamos sin nuestro trofeo Ciudad de Barcelona y se fichaba  a Granero.

No me gustaba especialmente la camiseta, pero es la nuestra, lleva nuestro escudo, y con ella ya estoy a muerte. Me entristece lo de nuestro Trofeo, pero dicen que ahora en el fútbol los números mandan. Y Granero… a mí Granero me gusta y ya lo considero uno de los nuestros.

Pero curiosamente, tras estas tres noticias, y después de leer cientos de opiniones en los foros, lo  primero que me pasó por la cabeza fué: “vaya,  ahora mis amigos culés también se reirán de mí por la camiseta,  por no tener ya Trofeo propio, o por fichar a un jugador “mayor” o “acabado”. De verdad que en un primer momento pensé esto.


Recuerdo que cuando era pequeña  mis padres siempre me decían que no me peleara por el futbol, que no faltara nunca al respeto a los demás. Me decían que yo sabía lo suficiente de fútbol para participar en tertulias y poder discutir con quien quisiera. Podía comentar siempre cualquier partido de cualquier equipo sin insultar, con tranquilidad. Me decían que nunca ofendiera a los culés o a  otros aficionados, que podía discutirles un penalti, o un fuera de juego, qué sé yo, cualquier jugada polémica, pero sobretodo, sin insultar. Bien pensado esto es lo correcto, que podamos hablar entre aficionados rivales sin ofender, podamos hacer bromas o  pequeños chistes sin que el interlocutor se sienta molesto. Por eso cuando a mí me dicen cosas como “este año bajareis a segunda” o “qué equipo más malo tenéis”, o “vienen todos los jubilados a vuestro equipo” o incluso “qué suerte tuvisteis en el último minuto” o bien “vaya penalti os regalaron” (estas dos cosas casi nunca ocurren la verdad), una no se tiene que sentir molesta.

Pero hay comentarios, que son especialmente hirientes. Recuerdo una vez en casa de unos amigos que se incorporó al grupo una pareja que no conocía de nada y al rato se pusieron a hablar de futbol con los demás. Hablaban del Barça claro. Yo no intervine en ningún momento, entre otras cosas porque estaba en inmensa minoría claro y sabía que lucharía sola. Seguí con  mi copita…hasta que uno de mis amigos dijo “Rosario es del Español”. Yo sonreí orgullosa,  y no hice nada más. Seguí hablando con la persona que tenía al lado de otros temas. Pero uno de los recién incorporados ya me tenía en su objetivo. Ya era su presa. No cesó de hacer comentarios desagradables sobre el Español, empezó a hacer chascarrillos de los malos, y al ver que yo no le hacía ni caso empezó con las frases
hirientes. Esas frases que hacen encenderse a cualquier perico que se precie. Esas frases que hacen que te rebotes con todos y contra todos. Esas frases que hicieron que el amigo que tenía al lado, también culé por cierto,  me diera codazos y susurrara a mi oído “no entres al trapo, no entres al trapo…” Esas frases son del tipo “ya no sois de Barcelona porque estáis en Cornellá”, “el día de la final de Leverkusen se me acabaron los petardos”, “no sois catalanes” ,“vuestro campo está lleno de inmigrantes andaluces y extremeños» (como si esto fuera un insulto), “ahora estáis en las afueras”… Y que me decís cuando en vez de pronunciar Español dicen “apañó” gracias a aquel horrible programa de TV3 cuyo nombre no recuerdo y  en el que se nos reían en la cara. Que me decís cuando nos llaman “charnegos” (y a mucha honra, oiga). ¿Y cuando se reían de Tamudo? ¿Os acordáis que se llegó a formar un grupo en Facebook que se llamaba “para que Tamudo se sacara el graduado escolar”?. ¿Y cuando se cachondean de la demolición de Sarriá?.  Ahí si que me hierve la sangre…yo creo que hasta se me contractura la espalda.

Pues bien, os cuento esto porque desde el año pasado han cambiado las cosas. Efectivamente yo he notado un cambio de actitud. Hay quien se sigue metiendo conmigo claro (igual que yo con ellos por cierto), pero es diferente. Ya puedo contestar más alegremente, ya no me enfado, ya no bajo la cabeza y me muestro muy orgullosa de mi equipo, de mi cantera y de la clasificación del año pasado. Me ilusiono con Granero o con Hermoso, y celebro el regreso de Sergio García, que nunca debió irse. En cuanto entro en nuestro Estadio me hago una foto en la grada y la publico en redes sociales… venga, más “postureo”! Pero es que a mí ese postureo ahora me apasiona. La camiseta me encanta, de hecho es la más bonita de toda la Primera División, y Baptistao y Piatti ya son nuestros! El hecho que Granero lleve el 23 es para mí como una premonición y estoy deseando que se publique ya el calendario de la Liga.  Cada día repaso La Contra Deportiva para no dejar escapar nada de toda la actualidad blanquiazul y permanentemente con mi familia estamos pendientes de confirmar que todos hemos recibido el carnet del Español.  ¡Que no le falte a nadie!. Hasta acepto amistades en Facebook sólo porque son periquitos y es que ahora…yo creo que ahora soy más periquita que nunca.

El año pasado siempre dije que era el año de la ilusión y yo creo que este año es el de la estabilización del proyecto, para que el año que viene realmente podamos despegar. Y será así porque definitivamente hay un cambio de actitud.

Rosario Mesas Company

Abogado. Socia Nº 1818

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