A veces ponemos cara de haber visto un fantasma o tenemos la cara desencajada, cara de pasmarote, cara de lelo, de tío lila, de “atontao”. Si no queremos que nuestras facciones transmitan emociones a los demás, o nuestros más íntimos pensamientos, por ejemplo, nos dicen que ponemos cara de póker, de tahúr del Misisipi. Y en ocasiones, al disputar algo acremente con quien sea, nos partimos la cara a cara de perro. Adorna nuestro semblante una expresión de incredulidad cuando vemos en You Tube a Quim Torra decir ante sus parroquianos que, tras comer una contundente ración de butifarra con judías en Bescanó, responderá a los magistrados del TSJC con una sonora ventosidad, o eso da a entender con las elegantes maneras que le adornan. Hay pues, toda una variada gama de caras a las que recurrir según sea el caso. Y, por último, los hinchas del RCDE hemos descubierto y patentado una nueva modalidad, la así llamada “cara de uno a dos”.

En efecto, ésa es la cara que se le pone a uno después de ver cómo Osasuna marca el segundo gol tras una cesión en falso de la defensa al portero; cesión que aprovecha para darnos la estocada el escurridizo delantero rival, ése del pelo teñido que llevó a nuestra zaga por la calle de la amargura… apenas unos minutos después de encajar el empate. Quizá uno de los goles más tontos y gilís que jamás he visto. Máxima desesperación… ¡Por una vez que llegamos al descanso, y en casa, con ventaja en el marcador! Nos frotamos las manos durante los quince minutos de la pausa: al fin esa ansiada victoria en nuestro fortín… el inexpugnable fortín de Cornellá donde sólo hemos amarrado un puntín de todos los disputados. Una auténtica ruina.

Bastaron cinco minutos aciagos para que Osasuna le diera la vuelta a la tortilla. Una locura. Para redondear la fiesta, expulsan a un jugador del conjunto navarro, que tampoco es el Bayern Munich, que digamos, y pensamos: “¡Es posible la remontada, sí se puede…!”… pero, atenta la guardia, con superioridad numérica a nuestro favor nos endosa un parcial de 0 a 2. La suma da 1 a 4. Para no creerlo. Me veo a mí mismo en la grada, inmóvil, como si me hubieran metido un fije de curare, de escopolamina, o de otra sustancia paralizante por vía parenteral. Si me pinchan no me sale ni una gota de sangre. Petrificado como un mineral de esos que coleccionaban los condiscípulos más aplicados cuando niños. Cara de circunstancias.


El partido contra Osasuna es la prueba irrefutable de que esta temporada el Español salta al terreno de juego en desventaja, no con el marcador igualado a cero, que es así como se inician todos, sino con un 0 a 1 en contra. Pues hemos de contar en el “debe” con la obligada pifia garrafal en defensa a guisa de gentileza para el rival que nos visita. No es la primera vez que pasa. La cortesía es una noble virtud, sin duda, y nuestro equipo se desempeña con las atenciones de un intachable anfitrión. Todos los contendientes, avisados de nuestra ilimitada generosidad, se dan de bofetadas por acudir a la cita. Sólo que, por así decir, lo que a otros aprovecha, fastidia a los propios.

Si uno se para a pensar, no es normal, pero tampoco tan sorprendente. Las piezas del rompecabezas acaban encajando si caes en la cuenta de que el RCDE es el único equipo del mundo dirigido por gente que no se identifica con el club y que no tiene el menor empacho en decirlo públicamente, lo que está bien por otra parte (quiero decir, está bien que lo digan, no que dirijan el club), pues de este modo nadie se puede llamar a engaño… gente, en definitiva, a la que nuestro club le importa un bledo. Cara de uno a dos… de uno a tres y de uno a cuatro. Pues ya me tienen frito, quiero que me cambie la cara, pero no a disgustos… que luego, de vuelta a casa, has de ver la cara de pena, la cara de velatorio de los feligreses en el sombrío túnel, Cornellá-Riera, de los Ferrocarriles Catalanes.

Javier Toledano Ventosa

Perico de Los Palotes

Peñista en Doctor Gert

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