La dogmática culé, que es una asignatura que debería estudiarse en la carrera de sociología, ha establecido un principio asumido genéticamente por todos los futboleros, para todo perico por definición el Real Madrid es su segundo equipo, eso cuando no se trata de un merengue acomplejado.

No digo yo que para algunos pericos esto no sea así, o que para otros sea la aplicación futbolística y civilizada de aquello por lo que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, pero de ahí a merenguizar a todos hay un trecho.

En mi caso por ejemplo, por afinidad, por admiración y por méritos, mi segundo equipo es el Sevilla y mi equipo en la Champions también.

Vale que nos ganara en Glasgow, en un partido dicho sea de paso en el que el hermanamiento entre aficiones fue absoluto, y desde entonces el palmarés del equipo del Nervión no ha hecho más que crecer, además al tono de himno inigualable, que pone la piel de gallina si lo escuchas en el Sánchez Pijuan.

Más de uno se preguntará a que viene mi declaración de fe sevillista, pues lo hago como decía al principio para romper tópicos, porque claro que los pericos queremos que el Madrid elimine al PSG, y que al Barça le preocupe lo que son capaces de hacer los blancos en el Bernabéu. Pero para mí, y conozco a otros ilustres que piensan como yo, nuestros hermanos futbolísticos, nuestro espejo, está más al sur.

Y desde luego como el Sevilla llegue a la final de la Champions, llamo a mi amigo Miguel, a mi amigo Álvaro, a Diego, y a otros sevillistas para intentar conseguir una entrada sea quien sea el rival y con mi camiseta blanquiazul irme con ellos a cantar el himno del Arrebato.

JOSÉ MARÍA FUSTER-FABRA.

Abogado perico.


Comentarios

Comentarios

DEJA UNA RESPUESTA

Escribe tu comentario
Nombre