Los pericos solemos tener las cosas claras. Nos encanta ser diferentes, sentirnos distintos al rebaño. Anti gregarios por naturaleza. Tenemos un formato muy especial, altamente sui generis, que, por ejemplo, nos proporciona una fuerza sobrenatural que nos permite, cuando ya casi nos dan por muertos, sacar la cabeza. Siempre lo hemos acabado logrando.

Muchos jugadores que han lucido nuestra camiseta a lo largo de la centenaria historia de la entidad han coincidido al señalar que la verdadera fuerza que tiene nuestro club, esa fuerza que nos ha sacado del atolladero en innumerables ocasiones, es la afición. Respecto a este tema, recuerdo imágenes imborrables de las invasiones pericas a Soria y, sobre todo, esa noche de Villarreal…lo que vi esa noche, en la que finalmente perdimos el partido, fue un verdadero homenaje a la épica, a la hidalguía y a la lealtad. Esas imágenes son, para mí, inolvidables, y sintetizan de manera muy precisa y certera, lo que somos los pericos: la mejor afición del mundo.

118 años de resistencia. Una frase que siempre repetimos y que, a los ojos de los que no comparten nuestro sentimiento, es una frase con un tinte “a la defensiva”. Y no, no lo es; se trata de una manifestación de lucha, de empuje, de sacar fuerzas de flaqueza y de seguir para adelante. Es decir, nuestra historia pura. En esencia, lucha por nuestra supervivencia y lucha para conseguir nuestros sueños.


Cuando Sergi Darder habló durante la pretemporada acerca del objetivo de ganar la Liga, y visto lo visto con el inicio espectacular del equipo, los pericos entramos de manera inevitable en ese estado de “on fire”, de que no nos paraba nadie, de que en este tercer año de administración Chen se lograría el objetivo de jugar una Champions, con el impacto mediático, psicológico, emotivo y, especialmente, económico, que dicha clasificación al máximo torneo continental conllevaría. En lo personal, no descarto conseguir dicho objetivo, en esta temporada o en un futuro muy cercano.

Lo cierto es que después de haber estado líderes durante muchos minutos de esa extraña noche en Valladolid, la racha adversa nos ha mandado a esa medianía de la clasificación que tan bien conocemos y que generalmente nos incomoda y ofusca.

Queda mucho, el equipo tiene que volver a transmitir la solidez, agresividad y frescura del primer tramo de Liga en el que todos esperábamos con ansias el próximo partido para ver a nuestro equipo desplegando un juego muy vistoso y siempre ganador. Espero que las sensaciones retornen pronto, que volvamos a escalar en la clasificación y que el partido contra el Leganés sea ese punto de inflexión que casi se produjo en el Wanda Metropolitano, de no ser por nuestra falta de acierto en el último remate y por la asquerosa asimetría que el puto VAR está generando cada jornada, asimetría que casi siempre favorece a los mismos.

El fútbol es un estado de ánimo. Los privilegiados que amamos a los colores blanquiazules tenemos generalmente asociada una capacidad intrínseca de recuperación maravillosa, somos como aves fénix – o pericos fénix – recurrentes y reincidentes que, al final, y cueste lo que cueste, vuelan. Ese estado de ánimo permanente, que se resume con un aguerrido “con un par de cojones saldremos adelante” es la fuerza propulsora que, a golpe de insistir, a golpe de luchar, nos permitirá dar ese saltito del que siempre hablamos entre nosotros.

Afición de lujo en cuanto a sentimiento y lealtad; una cantera primorosa e inagotable; un estadio espectacular…si sacamos a los parásitos enemigos que siguen chupando sangre del club desde adentro, si se propicia que el club sea dirigido y administrado por pericos, sólo pericos, los mejores, aquellos que combinen de manera equilibrada el amor incondicional, el conocimiento técnico y la responsabilidad (para diseñar y aplicar un modelo de gestión coherente con nuestra esencia y con nuestro sentimiento), podremos lograr entre todos consolidar un Espanyol estructuralmente diferente, ambicioso, de graderías llenas o casi llenas, habitual en torneos continentales y abonado al optimismo y a la ambición permanentes, en todos sus estamentos. Con un par lo vamos a lograr. Al final, de una u otra manera, siempre lo logramos. Siempre pericos. Siempre Espanyol.

Pedro Grimalt

Economista Blanquiazul

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