Muchos de nosotros cantábamos de jóvenes ese himno inolvidable, que incluía nuestras cualidades principales, unidad y optimismo.: “Siempre unidos estamos, confinados y optimistas, bien dispuestos a luchar”. Confinados. Desde 1975. Los pericos siempre hemos sido unos adelantados a nuestro tiempo.

Bromas aparte, los seguidores blanquiazules somos “confiados y optimistas”. Confiados en que todo este desgraciado desaguisado acabe pronto, y optimistas porque el confinamiento, a todas luces ilegal, está a punto de ser levantado. O como mínimo suavizado. Siempre y cuando no vivas en una Comunidad Autónoma con un gobierno contrario al “Gran Hermano” o hayas sido más eficaz en tu gestión que el nefasto desgobierno socialisto. En ese caso serás castigado con dureza y enviado al rincón de pensar. O al de negociar.

Y con el cercano fin del confinamiento (más político que sanitario, por cierto), también acabará esta etapa tan dura de distanciamiento físico, de aislamiento, de falta de aire, de contacto, de vida social, de fútbol, de banderas blanquiazules al viento, en resumen, de vida y de libertad. Y digo distanciamiento físico, porque distanciamiento social bien poco ha habido. Igual hasta ha crecido. Si aceptamos (y creo que ya es algo innegable) que las “Redes Sociales” son realmente sociales. Como decía el ilustre psiquiatra Luis Rojas Marcos en una reciente entrevista: “Es un error hablar de distanciamiento social. Estamos todo el día conectados con el móvil e Internet. Si nos quitaran eso, esto sería invivible”. Trasladado a nuestro mundo blanquiazul sería como si nos quitaran nuestros recuerdos, nuestras bufandas, nuestras camisetas, nuestras fotografías y una gran parte de nuestras amistades. En mi caso creo que el 95% de mis amistades provienen del mundo blanquiazul. Por ahí andaréis muchos de los lectores.

No tengo duda alguna de que este encierro los pericos lo hemos pasado de una forma diferente al resto de los mortales, por dos razones principales: nuestra unidad demostrada en casi 120 años de lucha contra una inmensa mayoría y nuestra probada experiencia en estados de confinamiento, de aislamiento, de persecución. Ser perico en Barcelona y en el resto de nuestra querida región catalana siempre ha sido una mancha, un pecado original, un virus. Cuando no asimilado a un delito o una grave enfermedad como la peste o la lepra. Pero luchando año tras año, temporada tras temporada, bloque a bloque, calle a calle, barrio a barrio y pueblo a pueblo, los maravillosos pero minoritarios seguidores del Real Club Deportivo Españyol hemos esquivado vigilancias durante muchos y azarosos decenios, hemos previsto emboscadas, hemos evitado aglomeraciones y hemos respetado el distanciamiento físico de los demás. Sobre todo, de los culés. Otro maldito virus que siempre ha rondado por nuestras calles. Suerte que contra la pandemia del #Tourist-1899 estamos inmunizados genéticamente. De padres a hijos. Esta enfermedad la pillan solamente extranjeros racistas, turistas, inadaptados y aduladores del régimen nacionalista.

Los periquitos, con nuestra habitual alegría, conocida iniciativa e inquebrantable optimismo, hemos sobrevivido a este duro confinamiento creando nuevos grupos en Facebook, compartiendo una canción diaria para animarnos (gracias Dieter), intercambiando antiguas fotografías de desplazamientos, conmemorando diariamente hechos y hazañas blanquiazules casi olvidadas, inundado Twitter de videos con la etiqueta #RCDE, disfrutando de la reposición en televisión de nuestras grandes gestas, buscando recuerdos antiguos de nuestro club en webs de subastas y coleccionismo, diseñando mascarillas con nuestros colores, recuperando viejos amigos y ganando nuevos. Y todos pericos. Y todo en blanco y azul. ¡Qué bonito es ser del Español!

Superado casi el encierro, que ha sido duro, pero menos, ahora nos queda lo verdaderamente triste y difícil. Sobrellevar la muerte de familiares y amigos, la grave crisis económica que nos afectará a todos en mayor o menor medida, las pocas perspectivas de salvación de nuestro equipo y las dudas sobre la futura viabilidad económica de nuestro querido club.

Pero todo eso tampoco nos va a amedrentar: “Somos españolistas, siempre unidos estamos, confiados y optimistas, bien dispuestos a luchar”.

Confiados y ya no confinados. O menos.

Ánimo, amigos. Siempre españolistas. Siempre pericos.

P.D. Mi más sentido pésame a todos los que hayáis perdido a familiares o amigos. Descansen en paz. El cielo es un poco más blanquiazul con ellos ahí arriba.

Ernesto Martí.

Consultor perico.


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