Un estreno repleto de infortunios. Esta podría ser la conclusión de la apertura de la Liga Santander en el RCDE Stadium. El Espanyol padeció todos los males futbolísticos y extrafutbolísticos habidos y por haber y perdió 0-1 en el primer partido de la temporada en Cornellà-El Prat ante el Leganés. La lesión de Javi López en torno al primer cuarto de hora de partido trastocó por completo los esquemas del equipo de Quique Sánchez Flores y, tras encajar poco después el 0-1, no pudo sobreponerse ante un rival muy combativo.


Once del RCD Espanyol: Pau López; Javi López, David López, Naldo, Aarón Martín; Javi Fuego, Jurado, Hernán Pérez, Piatti; Gerard Moreno y Leo Baptistao.

Once del CD Leganés: Cuéllar, Zaldua, Mantovani, Ezequiel Muñoz, Diego Rico; Rubén Pérez, Eraso, Szymanowski, Gabriel Pires, Omar Ramos; Guerrero.


Quique apostaba por un once inicial parecido al de la temporada pasada en partidos de calibre similar, es decir, en encuentros cuyo rival se situaba en la parte media-baja de la clasificación y visitaban Cornellà: Javi Fuego como único pivote defensivo, Jurado acompañándole en el centro del campo para ser el creador de juego y con 4 atacantes.

Sin embargo, todo cambió para los blanquiazules con la lesión de Javi López. Hernán Pérez retrasó su posición para ocupar el lateral derecho, Jurado pasó a la posición inicial de Hernán (banda derecha) y Granero, quien entraba al terreno de juego, ocupó la posición de Jurado. Todos estos cambios, los cuales hacían más ofensivo si cabe al equipo, fueron una losa. El Leganés se adueñó del partido aprovechando el desconcierto local y se adelantó con un gol de Mantovani en el minuto 28.

En el Sánchez Pizjuán, la medular perica formada por Diop y Javi Fuego abarcaba muchísimo espacio en el césped. Todo lo contrario sucedía en este caso: la ausencia del senegalés mermó la capacidad de recuperación del balón del centro del campo del Espanyol. El Leganés generaba peligro con la entrada desde segunda línea de ataque de sus centrocampistas, quienes ejercían una presión muy alta y jugaban con sencillez moviendo el balón de una banda a la otra. Gabriel Pires, Szymanowski y Omar Ramos fueron un dolor de cabeza para la defensa perica.

Detrás de ellos, Rubén Pérez y Eraso se multiplicaban para ayudar a sus defensas y frustrar el ataque blanquiazul. Pero el Espanyol se recomponía levemente en los últimos diez minutos de la primera parte empujando a los visitantes a su área, subiendo líneas y presionando más la salida de balón del conjunto madrileño. Aún así, los nervios locales no desaparecían.

Mejora insuficiente en la segunda parte

El Espanyol salía al ataque en el segundo tiempo espoleado por la necesidad y las indicaciones de Quique Sánchez Flores en el descanso. La entrada de Sergio García por Jurado en el 55′ de partido le dio algo más de claridad en el juego, pero era una excepción individual. El de Bon Pastor tuvo las ideas más nítidas en los pericos, pero sus compañeros seguían negados de cara al gol. Baptistao lo intentó de todas las maneras secundado por Gerard Moreno sin suerte para ninguno de ellos.

Los blanquiazules no estuvieron cómodos en ningún momento del partido.

La frustración incrementaba con el paso de los minutos. Quique quemaba las últimas naves con la entrada de Melendo por Hernán Pérez a falta de 20 minutos para el final del encuentro. El Espanyol afrontó el tramo final con una disposición táctica inusual: 3-4-3, con David López, Naldo y Aarón atrás, Fuego y Granero en la medular, Piatti y Melendo en los costados y tres delanteros: Sergio García, Gerard Moreno y Baptistao. Todo ello suponía demasiada pólvora para la escasa elaboración ofensiva, con el único recurso de colgar balones en los últimos minutos del partido.

La derrota supone un duro varapalo en la moral perica. A pesar de merecer el empate en la segunda parte, el Espanyol no tuvo el control del partido ni impuso su estilo en ningún momento. Cornellà se estrena sin reconocer a su equipo, añorando a un conjunto cuya solvencia defensiva y equilibrio en todas las líneas son sus mayores virtudes. El cuerpo técnico y los jugadores tienen dos semanas para recuperar sus señas de identidad. Tras el parón, toca ir al Camp Nou. La afición querrá ganar, pero sobre todo reconocer a su Espanyol.


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