Desde que el pasado sábado se desatara la euforia en Cornellà, me ha emocionado,  y mucho, ver en cualquier red social  a familias enteras disfrutándolo. Muchos comentarios con un sentimiento de nostalgia a los que ya no están. Y eso me ha hecho pensar.

Tengo envidia sana de ese legado. Aunque no pueda ponerme en la piel de quienes lo siguen, me he dado cuenta de la importancia de quiénes lo empiezan. Y pienso en el día de mañana, cuando sea abuela y lleve a mis nietos al estadio.

Tengo tantas batallitas que contarles que no sabría por dónde empezar. Posiblemente les explicaré que, siendo bien jovencita, trabajé todo un verano para poder pagarme mi primer carnet de socia. Que pensé en la idea de ser madre un domingo de partido en septiembre de 2003 y que justo un mes después ya venía de camino su papá. El papa perico de mis nietos.


Que teniéndolo en mi vientre, tuvieron que escoltarme entre cuatro personas porque parece ser  que no cayó muy bien a la seguridad del Villarreal que Raducanu marcara un gol in extremis y la grada cayera al vacío, y con ella llovieran palos de porra.

Que a falta de un mes para verle la cara y siendo la última jornada, ganáramos en casa y siguiéramos en primera por los pelos. Creo que no hubo nadie de mi sector que no me tocara la barriga, como si de un talismán se tratara.

Que a los cinco días de nacer ya era socio y que con dos meses de vida entró a Montjuïc en brazos de su mamá.

Que el día en el que Coro nos salvó, lo vimos en casa porque estaba a 40 de fiebre y al verme llorar me acompañó en el llanto porque creía que también estaba malita.

Que fui su escudo humano el día que  unos “malos” nos tiraron bengalas en nuestra  casa.

Que escogí los asientos de nuestro “nuevo hogar” pegaditos al césped para que pudiera ver de cerca a los jugadores.

Que vivió la inauguración de nuestra nueva casa y sus ojos brillaban de felicidad.

Que fue el único niño perico  en el cole y que se metían con él por llevar una mochila del Espanyol, pero a él le daba tan igual que siguió con ese escudo en su mochila hasta en el instituto.

Y que un sábado de Mayo, cogió a su madre en volandas cuando acabó el partido contra la Real Sociedad  siendo Europa una realidad. Como la mía, hay miles de historias. Y me encanta poder leerlas e imaginármelas desde el principio.

Pienso en las nuevas generaciones  y  como ese sentimiento va a seguir latiendo. Así que, a los nuevos pericos, tengáis la edad que tengáis, bienvenidos seáis a esta gran historia.

Cristina Polo

Periquita y orgullosa 

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