¿Cómo un alemán, afincado en tierras charras, puede ser perico?

Y lo peor de todo. La gente quiere que contestes ipso facto.

A nadie del Real Madrid, del Atlético, del Barça, del Athletic, del Betis o del Depor le harían esta pregunta, formulada en un tono que ya implica perplejidad e incredulidad y hasta cierto rechazo.

Sin haber abierto la boca se atreven a plasmar la miseria en la que te encuentras. Sientes pasión por un equipo que para ellos no es nada más que el equipo B de otro. El hermano pequeño que no pinta nada. ¡Menuda desgracia!

Según los parroquianos de Florentino tienes que tener pocas luces, si en vez del omnipresente Real Madrid, eres fan de un equipucho que nunca ganará la Champions. Comes chóped en vez de jamón ibérico. Tu papel es el de un eterno sufridor en lugar de un seguidor tocado por la varita mágica. E incluso te psicoanalizan: en el fondo no eres más que un pobre merengue reprimido y acomplejado, un perimerengue.

Después de haber tenido la osadía de endosarles dos goles y no regalarles por decreto los tres puntos, dirán ahora que el Espanyol ya no es lo que era.

Luego están los que piensan que son el no va más del catalanismo y cuyo Camp Vell es la Meca del fútbol para un gran número de turistas, pero ahora desposeida de la deidad argentina. Nos acusan de no meter el pie cuando jugamos contra el Real Madrid y de dejarnos los cuernos cuando nos enfrentamos a ellos.

Y los que ya no son el Pupas, sino los nuevos ricos del Wanda, también nos critican porque nos ven como la sucursal barcelonesa de sus vecinos merengues.

Da gusto ver que el Triunvirato en este punto comparte la misma opinión. Según todos ellos, adolecemos de identidad propia. Somos unos peleles. El Espanyol de Cornellà.

Hace poco hice una encuesta aquí, en Castilla y León, con la siguiente pregunta:

¿Qué te sugiere el nombre Real Club Deportivo Espanyol? Una mayoría aplastante (más del 70%) nos define como la sucursal barcelonesa de los merengues. Un dato demoledor. El resto mencionaba muy de vez en cuando a Tamudo o el Tamudazo, Sarriá, el Waterloo de Leverkusen, algunos pocos a Mister Chen o a Wu-Lei, otros a RdT.

¿Pero cómo les explicamos entonces lo que representamos? ¿Qué podemos hacer para que nos entiendan y cambien de opinión?

Es entonces cuando me vienen a la mente estos dos fantásticos vídeos con el título: Vosaltres mai no ho entendreu, en los que un chaval y un señor, como respuesta a la pregunta ¿por qué eres del Espanyol?, intentan pero no logran definir con palabras lo que sienten por nuestro club.

Los que formamos parte de esta tribu entendemos perfectamente el mensaje de este anuncio. Lo sentimos como algo nuestro, algo que nos enorgullece. Somos distintos, y si ellos lo entienden, bien, y si no, peor para ellos. Nosotros nos sentimos como la maravillosa minoría (sigo sin entender por qué en las altas esferas del club tan acertadísima definición ha caído en desgracia), como una familia, algo que se transmite de generación en generación. Un sentimiento que no solo aparece con los éxitos ni desaparece con los fracasos. Un sentimiento de 120 años. Solidarios y siempre al pie del cañón, contra viento y marea, en Primera o en Segunda.

Para terminar me gustaría plantear una pregunta clave: ¿Sentimos el fuerte deseo de que nos entiendan? ¿Realmente necesitamos ganar más adeptos; es preciso ir de puerta en puerta para convencer a la gente de que se haga del Espanyol?¿Tenemos que defendernos e insistir que no somos la sucursal de nadie? ¿Queremos tener algún clon de Roncero o Soria ataviado con la camiseta blanquiazul, haciendo el payaso hablando de nuestro club en esta espectáculo televisivo de poca monta? 0 por el contrario preferimos disfrutar de nuestros fantásticos medios de comunicación, que no despotrican contra otros equipos, sino que cuentan con dedicación y entusiasmo todo lo que ocurre en el universo perico.

Yo, desde luego, lo tengo clarísimo, mejor ser pocos e incomprendidos.

La Força d’un Sentiment.

Dieter Wiggert

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