Si han visto a un tipo feo, gafotas y bigotudo caminar errabundo por la calle, lanzando lastimeros gañidos de chucho apaleado, ése soy yo. Si han visto por los rincones a un tipo feo, gafotas y bigotudo rasgándose gemebundo las vestiduras a causa de un dolor insoportable y llorando a moco tendido, ése soy yo. Y se figuran por qué. En efecto, ya es oficial: la Catalonia Cup 2020 ha sido definitivamente suspendida. Ese gran trofeo organizado por la Federación Catalana de Fútbol que siempre ha tratado al RCDE con mimo exquisito. Con guante de seda.

Como sucede, supongo, a tantos pericos, en esta hora tristísima, y tras el fatídico anuncio, siento mi corazón hecho girones… es un desasosiego inconsolable el que me azota, mil veces más potente que un dolor de muelas, peor que la pérdida de un ser querido. Comoquiera que este año el Girona FC (de la ciudad de Gerona) está en Segunda División, la FCF nos rescató del apolillado baúl del olvido para disputar ese patético sarao anual y que, mucho me temo, nuestros dirigentes habrían aceptado disputar gustosamente, muy a pesar del turbión de humillaciones recibidas.

El otro golpe encajado, estamos los pericos de enhoramala, es la confirmada reanudación de la liga en unas condiciones, por decirlo suavemente, extravagantes. Ya saben, a puerta cerrada, y los jugadores sin darse abracitos si marcan gol, no sea que se contagien, tragándose los escupitajos generados por el esfuerzo físico (hummm) bajo amenaza de amonestación (cartulina amarilla) y guardando, me figuro, distancia social, entre uno y dos metros en los marcajes al hombre o a la hora de disputar un balón aéreo.

Parece cosa de locos reanudar el campeonato en esas condiciones. El sentido común, digo yo, aconseja hibernar el fútbol hasta que puedan celebrarse los partidos en condiciones normales, me refiero a las propias de la “vieja normalidad”, que no de la “nueva”, ese concepto especioso que el gobierno actual se ha sacado de la manga para entretener a ese amplio segmento del paisanaje dotado de unas tragaderas amplias como la boca del Metro y “colar” de rondón toda suerte de arbitrariedades vía Real Decreto.

Pero si alguien se pregunta por qué diantre regresa el campeonato de liga, varios medios digitales han apuntado una hipótesis, cuando menos, verosímil. El enredo consiste en que Pablo Iglesias, vicepresidente del gobierno (esto no es una humorada, aunque lo parezca, es decir, que sí, que el “Coletas” es vicepresidente), habría presionado al ministro de Sanidad (perico, paradojas de la vida, pero sin experiencia profesional alguna en el sector sanitario) porque no quiere que su amigote Jaume Roures, dada la afinidad ideológica entre ambos, pierda una suma estimada en 80 millones de euros por los derechos de retransmisión TV. Conste en acta que un servidor se pierde en ese laberinto de intereses, pero quien lo desee no tiene más que teclear en un buscador la noticia y dará con los medios que se han hecho eco del rumor inquietante.

Como todo el mundo sabe, Jaume Roures, acérrimo culé, es un dechado de virtudes, un santo varón. Aquí va una breve semblanza del personaje para que, quien no le conozca, se haga una idea aproximada de las bondades que derrocha a manos llenas para regocijo de sus agradecidos semejantes. La trayectoria de Roures es de lujo. Saltó a la fama cuando Zapatero, hoy palanganero máximo de los narcodictadores Maduro y Diosdado Cabello, le concedió licencia de emisión sin concurso a La Sexta (a día de hoy cara-B de Antena 3). En esa andadura, Roures ya contaba con su inseparable socio Tatxo Benet con quien montó, por diversificar inversiones, el ruinoso diario Público. Fue Roures, durante años, uno de los mandamases en los informativos de TV3, donde echó los dientes en el mundo de la comunicación, atesorando experiencia para convertirse con los años en todo un magnate, batallando por los derechos de retransmisión del fútbol y del mundial de Fórmula-1. Su última aportación ha consistido en comprar a Andreu Buenafuente la productora El Terrat. Votante, según la ocasión, de CUP y Podemos en su versión catalana: Ada Colau. Y, cómo no, amigo personal de George Soros… que no de la finada madre Teresa de Calcuta, como cabía esperar. Pero quizá el mayor hito de su envidiable biografía es su colaboración con el comando Barcelona de ETA, por lo que fue detenido en el año 1983, pues le brindó hospedaje, siempre tan caritativo, a uno de los terroristas implicados en el secuestro del industrial Saturnino Orbegozo.

La guinda del pastel la puso Sandro Rosell, ex-presidente del Valores FC, en una entrevista concedida a Jordi Ébola (quise decir, Évole). Según Rosell, que ha sido finalmente exculpado de los delitos que le imputaban, pero que ingresó en prisión precisamente “por ser catalán”, según sus ponderadas reflexiones, ha insinuado que, casualmente, Roures es uno de los tipos que ha movido los hilos entre las sombras para causarle tan grave perjuicio… Roures que es tan o más “indepe” que él. Y culé, por supuesto. Toma del frasco. A mí, plim, si entre ellos se dan para el pelo. Lo dicho, duro mazazo y por duplicado.

Javier Toledano Ventosa

Perico de los palotes

Peñista en Doctor Ger


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1 COMENTARIO

  1. Roures, un curioso personajillo. El mismo producirá una película autobiográfica ( y si no al tiempo) pero no seré yo quien vaya a verla. Dicen algunos que catalanizó sus apellidos ya que en origen fueron Robles Lobo. También dicen por ahí que tenía negocios en sociedad con J. Cruff (dios los cría y ellos se juntan).
    Eso un personajillo.

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