La derrota de ayer en el RCDE Stadium del Espanyol contra un Girona que llegaba con innumerables bajas y sin su  goleador y jugador franquicia Stuani ha dolido sobremanera a la afición, y con mucha razón. Más habiéndose repetido el horroroso guion ya visto la pasada jornada en Fuenlabrada.

Perder contra el Girona, además, para el espanyolismo y en casa, supone un cabreo añadido por la inquina que siempre ha demostrado tenernos la afición del club de los Jeques y los Guardiolas, cuyo máximo anhelo es pasar por encima del Espanyol y ponerse a la sombra del FC Barcelona, club del que realmente son. Nuestra entidad molesta todavía a mucha gente en Cataluña, así ha sido históricamente, eso lo sabe hasta el más tonto. Y, cuando pasé la pandemia, que pasará, volverán a la carga con todo lo que dejaron pendiente. Su hambre es insaciable, se alimentan del odio.

Sea como fuere, volviendo a lo estrictamente deportivo el Espanyol de Vicente Moreno, da serias muestras de preocupación. Por un lado, es más que evidente que fuera de la dupla Embarba & RDT, no hay nada o muy poco. Que debemos de depender, prácticamente y, únicamente, de ellos para hacer goles y puntuar. La solidez defensiva se ha desmoronado en dos jornadas y Diego López ha empezado a cometer errores de portero de segunda división.

No saber matar dos partidos consecutivos que tienes encarrilados es muy preocupante para un equipo con un presupuesto como el del Esanyol en la categoría de plata. Porque, para este Espanyol ascender campeonando no es un triunfo, ni una hazaña, ni una gesta. Es una obligación. Que nos perdonen y con todo el respeto a todos los clubes que compitan contra nosotros, pero la mayoría futbolísticamente son una autentica banda, como lo fue ayer el Girona. Excepto dos o tres equipos, los demás deberían ser meras comparsas y, por supuesto, todos están por debajo en presupuesto y categoría del conjunto perico. No subir significaría hacerlo incluso mucho peor que la temporada pasada en la que se descendió.

Lo cual, no significa que vayas a ganar la competición con la gorra, que se debería. Está claro que cada batalla la vas a tener que luchar, pero, si lo haces de forma indolente y sin alma como ayer estas perdido, porque, el que menos te lo esperas te pinta la cara.

La sensación que da este equipo es que Vicente Moreno es un entrenador incapaz de motivar a su equipo a la hora de matar los partidos o de imprimir carácter al equipo, incluso a veces desde el inicio. Marca un gol y échate a dormir parece su consigna, una diferencia muy abismal encontraran ustedes se fijan, por ejemplo, al Sporting de Gijón que dirige David Gallego, siempre hambriento y ambicioso.

Algunos reclamamos que teniendo a un entrenador con carácter, acostumbrado a sufrir, y a ascender en la categoría la pasada temporada con un equipo de los más bajos de presupuesto, con ADN perico, como Pacheta, libre de contrato, era incomprensible que este no hubiese sido el elegido. Todavía está sin equipo, seguramente, no por mucho tiempo, esperemos que el Espanyol no lo eche de menos antes del final de temporada. Hay margen para corregir, pero el extraño rumbo que se ha tomado es suficiente como para empezar a hacérselo mirar.

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