Lo bonito de las tradiciones es que se repiten con su particular frecuencia. Algunas son anuales, otras mensuales y hasta existen sagradas tradiciones semanales (aquí cada uno tendrá las suyas, la de pegar un grito de júbilo al salir del trabajo el viernes, la de tomarse la primera caña en libertad después de una semana de esfuerzo, la de comer paella el domingo o la de asistir a misa de doce). En nuestro caso, el de los fieles, eternos e imprescindibles pericos, las tradiciones también están presentes. Desde que tenemos memoria, desde que los colores blanco y azul iluminan nuestras mentes y alegran nuestra existencia, existen esos actos imprescindibles que repetimos de forma autónoma, que salen de dentro, que forman parte de nuestro ADN, como tanto le gusta decir a empresas, partidos e instituciones varias.

¡Pero con una gran diferencia, pardiez!

El ADN de Alcampo es ganar dinero, el ADN de El Corte Inglés es ganar dinero, el ADN del Banco Santander es ganar dinero, el ADN del PSOE es ganar votos (y con ello poder y dinero), el ADN del PP lo mismo, el ADN de Puigdemont es mentir, el ADN de Rufián es comer y faltar al respeto, el ADN del Barza es suizo…, no creo que haga falta seguir, se entiende, ¿verdad?


Nuestro ADN y nuestras tradiciones, en cambio, son diferentes. No son anuales, mensuales o semanales. Son diarias. Nos levantamos cada día con la misma y eterna fiebre blanquiazul, sonreímos, desayunamos y nos lanzamos al duro combate diario con fe, con ilusión, con alegría y con valor. No nos amedrantamos ante una derrota, o dos, o muchas. No dejamos de sentir nuestros colores perdiendo una final de la UEFA… o dos. No renunciamos a nuestras ilusiones ni cuando vuela por los aires nuestro campo. No dejamos de soñar en blanco y azul a pesar de la desastrosa gestión social y económica de nuestros actuales directivos culerdos. Y lo mejor de todo es que no buscamos un premio en metálico, una compensación, una gratificación o un triunfo espectacular. Eso puede ser que esté en el ADN de “otros” equipos, de los partidos o de las multinacionales del IBEX35. Nosotros nos conformamos con ser de una manera, con ver ondear nuestra bandera, con compartir una sonrisa y una cerveza con otro perico, con recordar a nuestros héroes y honrar y respetar nuestra historia.

Y así volvió a ser el sábado pasado en el Coliseum Alfonso Pérez, donde nuestro equipo se batía a media tarde con el Getafe, y donde una buena (por calidad, que no por cantidad) representación del ADN blanquiazul hizo acto de presencia para cumplir con nuestras sagradas tradiciones. Nuestras banderas en manos de jóvenes, de mayores, de gente del campo y de gente la ciudad. Venidos desde Barcelona (bravo por los incansables chicos de la Curva, esa nueva generación que de padres a hijos ha heredado ese nuestro tan valioso ADN) , desde la propia capital (que también alberga su cada vez más amplia parroquia blanquiazul), desde Polán, en Toledo, (un abrazo Xavier Alos), desde Colmenar Viejo (gracias Césares y Jaime por vuestra asistencia) y desde muchos otros rincones de nuestra querida España que siempre ha admirado nuestro peculiar sentimiento, nuestro ADN de alegría, de paciencia, de fidelidad, de tradición y de amor por nuestros colores. Por encima de modas, de intereses espurios o monetarios, de odios y venganzas, de envidias y celos. Lo nuestro no va por ahí. Somos mucho más simples: amamos, luego existimos.

Y si es menester, odiamos (dos veces al año no hace daño). Como por ejemplo sucederá el fin de semana que viene, en el que nos enfrentaremos al mal, al equipo cuyo ADN está más viciado que el cuerpo de Maradona, a esa máquina artificial de generar dinero a costa de inexistentes tradiciones, de racismo y clasismo, de soberbia, envidia, gula, avaricia y lujuria.

El sábado que viene toca tradición. Toca ADN blanquiazul. Toca ganar al equipo de los turistas, de los inadaptados, de las ovejas aleladas que se creen cualquier historia, de los falsos catalanes esclavos de bancos y partidos y de los tentáculos del maligno pulpo separatista. Toca derbi.

Toca ganar. Toca RCD Españyol.

¡A por ellos! P.D. Un agradecimiento especial a Deme del Viejo Chamartín. Como suele ser nos acogió con simpatía y amistad y nos permitió olvidar la derrota en un cordial y agradable ambiente.

Ernesto Martí.

Consultor perico

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