Es una obviedad que necesitamos buenos profesionales que gestionen -con el raciocinio más exquisito- nuestro querido Club. Estamos huérfanos de ello desde hace demasiado tiempo. Pero una cosa es que nos gestionen y otra distinta que quieran transformar nuestra forma de ser.

Las continuas declaraciones de nuestro Director General Corporativo –y la carta que llega con los nuevos carnets- vienen a confirmar el destape de un debate ideológico al querer explicarnos 118 años después porque somos pericos. Es curioso que Roger Guasch y Enric Jové –Publicista contratado para la Campaña de Abonos- que no sabían nada del Espanyol hasta hace cuatro días pretendan decirnos quienes somos y porqué.

Al poner en duda conceptos como la minoría, la familia y el famoso anticulé es como si quisieran reescribirnos.


Desgranemos en diferentes artículos estos conceptos. Sirva este para la minoría que no les gusta. Según ellos nos hace pensar en pequeño y de puertas para adentro. Por consiguiente, somos poco cercanos al resto de los mortales, además de nada atractivos al transmitir pequeñez.

Quizás es lo que le ocurría al Liceu. Un ente de élites demasiado minoritarias. El Teatro seguramente necesitaba ser más amable y cercano a más público. Pero el Espanyol no es el Liceu. Da la sensación que se quieren tratar nuestras dolencias como Club con la misma receta operística. Pero no se puede curar una verruga con la misma pastilla que alivia una migraña.

Veamos qué ocurre si jugamos con la definición genérica de minoría -que es igual para todas las facetas: religiosa, cultural, lingüística, política y étnica- y le incluimos la vertiente perica. Quedaría de la siguiente forma:

“Los pericos somos minoría porque somos una población designada por cuanto poseemos inferioridad numérica y presentamos identidad propia. Ostentamos cierta creencia, pensamiento y costumbre que nos permite distinguirnos de la comunidad a la que pertenecemos. Contamos con un número de miembros significativo a tener en cuenta por su especial relevancia (“ergo no somos diez mil mataos”). Nuestros miembros tienden a mantenerse unidos y relacionarse entre sí mucho más de lo que interactuamos con los no seguidores de nuestra creencia. Nos reconocemos fácilmente entre nosotros y  creemos estar unidos. Solemos participar de la sociedad en general pero nos consideramos una comunidad distinta. Para practicar nuestra creencia algunos lo hacen por propia decisión pero en mayor número se hace por haber nacido en una familia que practicaba esa determinada fe o costumbre”.

Pues vaya, parece que sería una definición válida para el colectivo blanquiazul. Podría servir para nuestros amigos de La Penyai para de comptar en la terra del pensament únic”.

No pretendamos que nos reconozcan en la ONU pero que somos minoría es tal obviedad que tres súper estrellas de la publicidad –pericos de pura cepa- como César García, Josep María Piera y Toni Segarra el 20/03/2014 se juntaron en un reportaje para explicar que uno es perico cuando su cabeza se escora a la minoría real o conceptual. Así se presentó la “Maravillosa Minoría”.

En la entrevista a los tres fenómenos que publicó AS mantenían que mientras hubiera mayoría aplastante existiría la minoría maravillosa. La aparentemente pequeña, molesta pero fuerte, madura y curtida frente a la adversidad. La que juega el partido de la existencia a diario.

Nos enseñaron que para vender Espanyol hay que partir de su verdad: De su realidad minoritaria, orgullosa, incompresible y disfuncional. Que nadie intente entendernos pues nos sentimos bien con ese concepto de minoría y la elegimos por vocación. Elegimos lo raro porque no queremos ser como los demás.

Los 300 espartanos de las Termópilas, Braveheart o Astérix eran esos seres raros, diferentes y especiales con los que nos identificamos. El Club debe atraer a esos que no se identifican con los poderosos y que valoran el esfuerzo heroico.

Todo ello no tiene nada que ver con la idea de pequeño, poco amable, nada social, menos cercano, de puertas para adentro y autodestructivo que denuncian los profesionales del Club.

Los iconos del marketing  acabaron reflexionando que si no habíamos crecido como Club era por culpa de un liderazgo errático, pueril y mediocre. Lleno de conceptos confusos que acababa dependiendo de que la pelota entrara.

Muchos niños -y no tan niños- quieren ser rebeldes,  auténticos, nadar contra corriente y ser el chico malo que al final se lleva el gato al agua. Eso no es cómodo ni fácil, pero existe.

Podemos inclinarnos -sobre gustos no hay nada escrito- entre la propuesta de los publicistas pericos y la que nos brindan hoy Roger Guasch y Enric Jové, pero parece evidente que el resultado que obtienen éstos últimos es que les sale un churro tan monumental que desemboca en la peor campaña publicitaria de nuestra historia.

Tomás Guasch i Llovensà

Soci 4.706 i Accionista.

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