Athletic y Espanyol se medían en el Nuevo San Mamés con la intención de sumar tres puntos que les impulsaran hacia la zona noble de la clasificación. Ambos equipos partían con 33 puntos y a escasas cuatro unidades de competición europea. Una palabra maldita para los pericos. Europa.

El conjunto local intentó dominar el inicio del partido y salió con la habitual intensidad que caracteriza al equipo vasco. Después de unos minutos de control rojiblanco llegó el zarpazo perico. Un excelente balón de Granero dejó solo a Wu Lei en el interior del área, el asiático dejó de primeras atrás y Ferreyra no perdonó ante Herrerín.

El gol sentó peor al Espanyol que al Athletic, porque a raíz de la superioridad en el marcador los pericos no sobrepasaron el mediocampo durante varios minutos. Los vascos acorralaron a los de Rubi. El papel de Naldo y Hermoso fue fundamental para evitar el descalabro defensivo. Al descanso valía el gol de Ferreyra.


La salida de vestuarios, la previsible. Centros laterales, presión constante e intensidad por parte local. Lo intentó de todas las maneras posibles el equipo vizcaíno que se topó con una muralla vestida de blanquiazul.

Wu Lei tuvo en sus botas el segundo gol perico. Incomprensiblemente el chino, uno de los más participativos, fue sustituido en la siguiente acción y el Espanyol se resintió completamente en la faceta ofensiva. Garitano movió el banquillo y agitó por completo el partido. Ibai metió un centro medido con al corazón del área y Raúl García conectó un cabezazo imparable para Diego López.

El gol hizo crecer al Athletic y el Espanyol se limitó a defender el empate. Un resultado que no saca de pobres a ninguno de los dos equipos. Gran oportunidad perdida la de los blanquiazules.

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