Sin ánimo de caer en el dramatismo tan típico del mundo del fútbol el partido tenía que ser considerado como una final anticipada. No tanto por la clasificación, sino por las posibles consecuencias derivadas del resultado final. Con esta premisa salieron ambos equipos.

Un duelo de la máxima no podía tener otro desarrollo que una gran disposición táctica. Mucho conocimiento de ambos equipos y respeto en los primeros compases. Pese a este tónica de igualdad, el conjunto local empezó con más fuerza y predisposición por llevarse los tres puntos. Algo más finos los de Luis García Plaza comandados por un buen Salva Sevilla y un activo N’Diaye. El jugador africano tuvo en sus botas dos ocasiones cantadas, pero Diego López providencial evitó el tanto mallorquinista.

Cuando peor lo estaba pasando el Espanyol apareció Puado al rescate. El canterano, de lo mejor en las últimas semanas, remató de cabeza un centro lateral de Embarba. El balón parado dio sus frutos. Por fin, la mal llamada suerte estuvo de parte perica. Una primera mitad con pocas llegadas tuvo premio. El gol sentó mal al Mallorca y el Espanyol gozó de sus mejores minutos.

La salida de vestuarios parecía que no habían cambiado las dinámicas. Los pericos se erigieron como dueños del partido. Una sensación extraña vistos los precedentes ante los equipos potentes de la liga. El equipo bermellón le devolvió la misma moneda al Espanyol. Cuando peor estaban los locales llegó el empate gracias a N’Diaye aprovechando una jugada embarullada. El gol no fue bien recibido por los pupilos de Vicente Moreno. El técnico valenciano movió el banquillo en busca de soluciones y pudo encontrar la victoria en uno de sus cambios.

Landry Dimata se encontró con un centro de Raúl de Tomás y no perdonó. De primeras y con tranquilidad para batir a Manolo Reina. Tres puntos de oro los que consigue el Espanyol en Palma.


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