Robert Hernando.- Alguien dijo alguna vez que el fútbol es lo más importante de las cosas menos importantes. No estoy de acuerdo, en cualquier caso el fútbol sería lo último importante de las cosas más importantes. Porque el fútbol para muchos es una forma de vida y el Epanyol una eterna religión basada en la fe absoluta e incontestable. En la creencia por lo espiritual, por lo etéreo, por lo inmaterial y sobre todo por lo inmortal. Porque ser espanyolista es algo que no se puede entender sin formar parte de la tribu, y tomar una comunión eso sí,  que si te atrapa no te va a soltar el resto de tu vida hasta el día de tu boleto final.

Lo que sucedió ayer fue algo mágico, maravilloso, esplendoroso, muchos no creían que pudiese ser posible, empezando por los dirigentes del club que presentaron la campaña de abonos un día antes del partido, insólito que un club de fútbol presente una campaña de abonos sin saber lo que va ofrecer la siguiente temporada. En realidad ni un club de fútbol ni ninguna empresa seria.


Pero lo verdaderamente importante es que los que tenían que creer  creyeron, cuerpo técnico, Rubi, ¡Ay Rubi de mi vida! –Con la de veces que han pedido  su cese o dimisión a gritos esta temporada los predicadores apocalípticos desde ultratumba- Lo que Rubi ha hecho este año en el Espanyol es como para ponerle un piso y un apartamento en Torrevieja. Luego está lo de Perarnau que ha planificado con los mínimos mimbres posibles una plantilla más que aceptable y ojo, un grupo humano en el vestuario extraordinario y nada fácil de lograr en un equipo de fútbol. Ya dijimos aquí en su día que el ADN perico en la parcela deportiva era nuestra esperanza para la supervivencia.

Los jugadores ayer salieron al campo creyendo, sabedores de que no podían fallar, de que los alaridos y alientos que les soplaban desde las gradas iban en serio, la gente ayer no fue al RCDE Stadium a que sus hijos saltaran en los hinchables, a hartarse de macarrones  o a pasearse por las tiendas de Amancio Ortega por el Splau. Los pericos ayer fuimos a ver fútbol y sobre todo a sentirlo vivirlo. Y fuimos a la batalla, armados de bufandas, camisetas, banderas y de sentimiento, con las venas gordas, con el corazón bombeando a caño. Como fuimos a Mestalla, como fuimos a Madrid, a Glasgow, como acudimos muchas veces a Montjuich y cómo siempre estábamos, en cada a cada cita con lo celestial a la bombonera de Sarrià. Fuimos al fútbol con mayúsculas.

La afición estuvo de diez desde el viernes cuando tiñó las ramblas de blanquiazul en una iniciativa extraordinaria del club que todos debemos aplaudir. Desde la llegada del autocar con el chumba chumba del bar de La Curva de fondo, con gran El Jito de jefe de barra y con L’amour toujours del mítico Gigi D’Agostino convirtiéndose en la banda sonora de la gesta, como lo fuese en su día la contagiosa Bomba de King África en la final del 2.000 en Mestalla. Hasta la invasión de campo. La primera invasión del RCDE Stadium que ahora sí, desde ayer sí podemos sentir que está finalmente bautizado y santificado en el corazón blanquiazul de los espanyolistas. ¿Y Borja Iglesias? ¿Qué me dicen de Borja Iglesias? –Mister Chen debe  hacer un esfuerzo ineludible por mantener a Borja muchos años en el club, lo que aporta dentro y fuera del campo es inconmensurable. ¿Y Wu Lei? ¿Qué me dicen de Wu Lei? –El asiático nació en China para ser jugador del Espanyol, allá donde lo pariera su madre había una providencia divina para que triunfara en  Barcelona- Hiela la sangre verlo dándose golpes de pecho en el escudo después de marcar su gol. ¡El chino torero! Salió ayer  a hombros y por la puerta grande cual José Tomás en sus mejores tardes, por donde solo salen los grandes maestros, los que se pegan el toro al cuerpo, los que miran de frente, los que se parten la cara y alma por dignificar su profesión.

¿Qué quieren que les diga hoy con la resaca? El Espanyol es arte, poesía y rock and roll. Por los que están y por los que no han podido (te quiero papá) Y también y mucho, por las nuevas generaciones de espanyolistas. Esos sufridores cachorros pericos a los que sus padres convertimos en seres especiales sin ellos pedirlo y que merecían ya de una vez por todas, vivir una gesta de este calibre. ¡Viva la madre que nos parió!

Robert Hernando

Ex –consejero del Espanyol

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