La Liga quiere denunciar los supuestos cánticos ofensivos a Piqué del último derbi a pesar de que no se recoge nada de los mismos en el acta arbitral.

Lo que sí debería reconocerse en el acta arbitral, La Liga, La Federación y el Sursum corda es que el derbi fue un acto meramente deportivo. Catalunya lleva años huérfana de instituciones libres y el Espanyol es la excepción más relevante.

Pocas actas se levantan de las instituciones arrodilladas a la subvención que les echa el régimen de turno para mezclar su finalidad fundacional con ideologías interesadas y sectarias. Y eso sucede en la Universidad, les colles castelleres i geganteres, El Parlament, demasiados colegios, La Abadía de Montserrat, l’Orfeó, La Generalitat, la Televisión pública, el Palau de la Música, La Diada, els Escoltes, La Cambra de Comerç de Barcelona, Los teatros, Los Sindicatos, las Federaciones Deportivas, la radio pública, el FC Barcelona y su Camp Nou, el Girona, el Lleida, los medios de comunicación subvencionados, Los Ayuntamientos, La Sagrada familia, El Liceu


Y menos actas de reconocimiento tiene nuestro Espanyol en el quesus niños sólo tienen que preocuparse por el partido del domingo. Deberíamos recibir un trato más amable por nuestra lealtad, por fomentar la convivencia, el deporte y, en definitiva, no enredar.

Por el contrario, el FC Barcelona vive constantemente del lío. Da lo mismo si viene del franquismo o del separatismo. Ellos aceptan encantados “las presiones” porque sacan mejores beneficios. Y a todo ello ayuda la Federación Española de Fútbol.En el recién terminado 2019 los multó simbólicamente con 300 euros por haber cerrado un acuerdo con Griezmann antes de lo que permite la Norma. Un hecho que adultera las competiciones.

Se les impuso otra multa simbólica de 1.500 euros por la interrupción del último Clásico cuando se lanzaron balones amarillos al césped. Otra multa simbólica fueron los 40.000 euros impuestos por el Comité de Control, Ética y Disciplina de la UEFA por los aquelarres sectarios reiterados que se montan en el Camp Nou.

Se debe proteger el cumplimiento normativo, la libertad y, por encima de todo, la convivencia. Deberían multar con millones de euros, pérdidas de puntos y expulsiones de competiciones por actos y actitudes tramposas y -no digamos ya- peligrosas. Si violar las normas y deberse a otros actos deja de ser rentable, los clubes se verán forzados a la expulsión de todos aquellos a los que el deporte y la diversión les importan un pimiento.

El Espanyol debería ganar uno de los Premios Princesa de Asturias y ni mucho menos ser simbólicamente multado por algo que ni tan siquiera se pudo oír dentro del campo.

Tomás Guasch Llovensà

Soci 4.706 i Accionista.

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