Un partido en Canarias siempre es complicado y más si aterrizas unas horas antes. Los pericos viajaron este mismo domingo debido al falso positivo de coronavirus en un miembro de la plantilla. Los cambios de Vicente Moreno propiciaron ver de nuevo a jugadores como Melendo o Dídac como titulares.

Sin dar tiempo a sentarse en la butaca Diego López tuvo su cuota de protagonismo. El gallego fue clave para mantener la portería a cero. El meta perico atajó un disparo duro abajo en dos tiempos. El Tenerife se creció a raíz de la ocasión de gol y puso en aprietos a la defensa blanquiazul.

Un desacertado Lluís López estuvo cerca de regalar un gol en bandeja a Fran Sol. El mismo juego plano, previsible y pocon dinámico fue la tónica del primer tiempo. Sin crear demasiado peligro, pero siendo sólidos. Parece ser el lema de Vicente Moreno y como quiere trasladar su mensaje a los jugadores. Un martillo pilón. Primera mitad para cansar al equipo rival y ahogar sus intentos de ataques para en los segundos cuarenta y cinco minutos aumentar la eficacia ofensiva.

Al margen de la poca capacidad para desarbolar la defensa rival el único recurso útil fue el centro lateral. Embarba y Puado puedieron adelantar a los periquitos, pero no tuvieron acierto en los metros finales.

El segundo tiempo fue un auténtico monólogo espanyolista. La posesión de balón y la presión alta cuando se perdía fueron las notas dominantes. Solo en el tramo final se estiró el Tenerife. A través del balón parado gozó de las mejores ocasiones para inquietar a Diego López.

Ni las entradas de Darder, Vargas o Nico Melamed fueron suficientes para subir la marcha del equipo. Otro partido sin encajar gol, pero con muchas dudas en la parcela ofensiva. Con la plantilla que tiene el Espanyol se le debe exigir mucho más. Los partidos transcurren según el plan ideado por Moreno, pero se corre el riesgo de pasar una mala dinámica y perder los nervios.


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