Tomar la decisión de separarte de alguien a quien quieres tanto o más que a ti mismo es lo más complicado que te puede suceder. El Espanyol y David Gallego eran un matrimonio del que, si algo no se podía dudar, era el amor que se tenían. Pero muchas cosas no han funcionado. Tantas que el futuro del club comenzaba a estar en serio peligro. La destitución era irremediable.

Creo que no me equivoco afirmando que el 90% del espanyolismo estaba de acuerdo con el nombramiento de David Gallego como técnico del primer equipo del RCD Espanyol. Desde que Rubi tenía pié y medio en el Betis, el gran deseo del aficionado perico era Gallego como el sustituto. Mucho se ha hablado que era la opción más económica que tenía el club. Seguramente haya mucha verdad en eso, tanta como que era más que merecido.

David Gallego sabía que no lo iba a tener fácil. Sin Mario Hermoso y Borja Iglesias, el club volvía a tener la necesidad de reconstruir parcialmente la plantilla del primer equipo. En ningún caso será una excusa que justifique todo lo que ha sucedido después, pero no está de más constatar esta realidad.


Sus formas en las comparecencias públicas tampoco son las más correctas. Eso era, más allá de lo estrictamente deportivo, uno de sus encantos: ser políticamente incorrecto. El seguidor perico se sentía identificado con Gallego. Se sentía representado por entrenador del Espanyol. Pocas veces ha sucedido eso. Por ello, las expectativas eran tan altas.

Sin embargo, en lo puramente futbolístico el proyecto ha fracasado estrepitosamente. Toda la culpa no puede ser de Gallego. El club y los jugadores tienen también mucha responsabilidad, pero hay ciertos aspectos que nunca se han entendido.

Es por ello que, desde mi humilde punto de vista, considero que la destitución de David Gallego es tan merecida como su nombramiento. La élite le ha atropellado por completo. Desde la jornada 1 he visto a un Gallego completamente desbordado. Sin capacidad de reacción. Impotente al ver que el equipo no respondía a sus estímulos.

Gallego ha sido incapaz de construir el Espanyol que tenía en su cabeza.

En ningún momento he reconocido a un equipo de Gallego en este Espanyol. Ni rastro de la personalidad y el fútbol que el técnico tiene. Los jugadores no le entendían. Algo fallaba. Estoy convencido que las dos partes lo han intentado para que todo funcionara, pero no lo han conseguido.

Sergi Darder y Óscar Melendo no pueden ser intrascendentes en el Espanyol y siempre lo fueron con Gallego. Nunca será el motivo por el que el equipo no ha funcionado, pero sí será uno de los síntomas. Dos artistas del fútbol a los que el entrenador no ha sido capaz de sacarles su máximo rendimiento. De hecho, ni un nivel aceptable.

En las últimas semanas veía que el Espanyol y Gallego se estaban deteriorando cada vez más. Su continuidad era un dolor para las dos partes. Se hacían daño juntos y necesitaban separarse. La derrota en Mallorca ha sido el último golpe.

David Gallego será siempre perico. Eso nadie será capaz de negarlo. Será un mejor entrenador después del trauma de su destitución. Crecerá y tendrá otra oportunidad en la élite. Ahora, era necesario que se alejara de su querido Espanyol. Porque el futuro de la entidad siempre está por encima de todo.

Comentarios

Comentarios

DEJA UNA RESPUESTA

Escribe tu comentario
Nombre