Salta a la vista que desde la salida de Roger Guasch el Espanyol ha dado un cambio radical en todos los aspectos. Pero, dejando el deportivo al margen, que eso depende directamente del dinero que quiera invertir la propiedad del club, y obviamente del acierto de la secretaria técnica de turno, está claro, que socialmente se ha dado un giro radical a la política que emprendió a su llegada Guasch, y ojo, también sus acólitos, algunos hoy se esconden debajo de las piedras y deambulan por las oficinas con las orejas gachas como temblorosas almas en pena.

La organización del desplazamiento masivo a Villarreal, el chárter a Inglaterra, y la buena política de promociones en los partidos de casa que ha sacado adelante el área social del club han dado sus frutos, y han conseguido llenar el estadio, el día del Mallorca se notó, y de qué manera. Área social, dicho sea de paso, marginada y ninguneada por Guasch y otras cabezas pensantes que creen siempre que saben de todo desde que entraron al club con sus lecciones de prepotencia y sabiduría de catálogo .

La sopa de ajo lleva años inventada, ya hace muchas temporadas, cuando el Espanyol se la jugaba, el área social del club sabía que, para llenar el campo, la única forma es involucrar al socio, así se hizo por ejemplo el famoso día del Murcia en Montjuich, o aquella imborrable tarde milagrosa del gol de Coro. La teoría de Roger Guasch y palmeros era distinta, regalar entradas a vecinos, asociaciones de todo pelaje, clubes de toda condición, en definitiva, figurantes, que poco o nada les importa el Espanyol. Si acaso, algunos venían a reírse de las penas espanyolistas, como pasó el día del Getafe con los chavales de club invitado. Mientras tanto, además, iban sangrando al socio a base de subidas de precio sin piedad, incluidos niños y jubilados, con la consecuente perdida de abonados y también de dinero. Y ni así, regalando a troco y mocho lograron una buena entrada ni un solo día de partido.

Lo advertimos en esta casa, no nos cansamos de hacerlo, Guasch vetó a este medio en la publicidad institucional del club, mientras firmaba un contrato de muchas cifras con el Grupo Godó y algunos se lo aplaudieron. Ni siquiera aparcamiento de prensa en el RCDE Stadium ha tenido nuestro medio la presente temporada. Sí se la han dado en cambio, los que abren portadas tildando a la afición del Espanyol de racista. Ni una triste entrada para sortear entre nuestros lectores, ni una camiseta, como se hace con todos los otros medios. Se nos negó el pan y la sal, pero la cabeza siempre alta. Nadie de los que hacemos LCD vivimos de ello (al contrario), y eso nos permite el lujo y el honor de no agachar jamás la cabeza, sea quien sea que vaya a hacer daño al Espanyol no tendrá delante.

Otros medios «pericos» preferían publicar artículos o editoriales explicando lo bueno y profesional que era Roger Guasch, los mismos que ahora las hacen igual sobre Durán. Podrían cambiar el nombre y publicar el mismo texto y no pasaría nada.

Nos alegramos, por tanto, de que el área social haya vuelto a coger protagonismo en detrimento de los iluminados de las hojas de cálculo. Porque, cuando a un socio del Espanyol se le regalan entradas para su disfrute las utiliza para evangelizar en lo blanquiazul, es una de nuestras misiones vitales. Lleva al vecino, a aquel niño de la clase de la niña que ha salido medio periquito por generación espontánea, o a cualquiera que sepa que va a venir a sumar y tenga posibilidades de sumarse un día a la tribu de la gente bien.

Porque un club de fútbol no es una fabrica de tornillos y porque el Espanyol no es más que un club, pero si es más que un equipo de fútbol. Para salir de abajo necesitamos gente remando hacía el frente en todos los estamentos del entorno espanyolista.


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