Cumplidas las primeras dos semanas del confinamiento que decretó el gobierno con motivo de la pandemia de COVID-19 y la población, salvo la que está en primera línea de fuego, ha tenido tiempo de aprender epidemiología, farmacoterapia, todo sobre los equipos de protección individual (EPI) y las mascarillas TTP2/TTP3 y pontificar al mismo tiempo en las redes sociales difundiendo su doctrina en forma de tweets, memes o en el mejor de los casos algún párrafo bien hilvanado. Esa es una de las características de la inmediatez de las redes sociales: aparición de influencers, youtubers, instagrammers e incluso personal trainers y personal shoppers a la distancia debida por el confinamiento.

A nadie le debe escapar por tanto que algunos gobernantes, que en definitiva son una parte del pueblo, se aproximen a sus gobernados mediante una cuenta de Twitter como es el caso del presidente de la República de Costa Rica, Dn. Nayib Bukele, o del presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Dn. Donald Trump, por mencionar a los más habituales.

EL VIRUS CHINO Y LA GRIPE  ESPAÑOLA             

El 11 de marzo, en su alocución al país, el presidente Trump se refiere al COVID-19 como un “Virus extranjero” y el  18 de marzo emite un tweet en el que afirma que si llega el peor escenario, habrá que prepararse para combatir el “virus chino”, palabras que producen una crisis entre China y Estados Unidos, con ruedas de prensa virulentas (agresivas aunque no infectadas)  y retirada de credenciales a los corresponsales. Dn. Michael Ryan, Director del Programa de Emergencias de la OMS le recuerda con contundencia que la pandemia de gripe de 2009 tuvo su origen en los Estados Unidos y nadie la llamó jamás la “influenza norteamericana”.

Pero la pandemia de gripe de 1918, la más devastadora con un total de 60 millones de muertes en todo el mundo y  que hoy conocemos como “gripe española” tuvo su origen precisamente en Estados Unidos de Norteamérica, hecho que no fue mencionado por Dn. Michael Ryan y que hubiera sido mucho más ilustrativo. El paciente 0 probablemente fue el cocinero de la guarnición de Fort Riley en Kansas que enfermó en marzo de 1918.  Como las tropas norteamericanas que partían hacia Europa para combatir en la I Guerra Mundial desembarcaban en el puerto de Brest (Francia) no es de extrañar la rápida expansión por todo el continente.

El origen de la denominación “gripe española” parece que procede del hecho de que España no entró en guerra y la prensa no estaba censurada, como ocurría en los países contendientes. Por lo tanto, toda la información de la pandemia procedía de las rotativas españolas.

Todo el mundo conoce hoy que la mayoría de patógenos están latentes en todo el mundo y que exaltan su agresividad en determinadas condiciones, por lo que no cabe hablar de las pandemias mediante toponímicos o localismos.

LOS POLVOS DE LA CONDESA DE CHINCHÓN

Durante la última semana hemos leído un buen número de tweets y de e-noticias en las que se destaca la posibilidad del empleo de hidroxicloroquina en el tratamiento de los pacientes afectos de COVID-19. Ello ha corrido como la pólvora por los países del continente africano, donde es bien sabido que los recursos estructurales y materiales son escasos, siendo por lo tanto mucho más vulnerables.

La hidroxicloroquina es una molécula muy parecida a la cloroquina que conocemos popularmente como quinina. Se trata de un medicamento empleado desde antiguo para el tratamiento de la malaria y otras afecciones y que además es baratísimo.

Los indígenas del Perú extraían raspaban la corteza de un árbol autóctono y la administraban a los que tenían fiebre alta con escalofríos, síntomas típicos de la malaria. Lo llamaron quina-quina que en quechua significa corteza de cortezas. Este producto era extraordinariamente amargo, procediendo de esta característica el dicho: “eres más malo que la quina”.

El tratamiento se aplicó por primera vez en Europa en el s.XVII a la Condesa de Chinchón, por lo que a la quinina se le empezó a llamar jocosamente “chinchona”. Con el devenir del tiempo, y dado el casticismo del pueblo de Madrid, se abandonó el nombre de “chinchona” se le empezó a llamar  con indudable doble sentido: “los polvos de la condesa”.

¿Qué papel puede jugar la hidroxicloroquina en el tratamiento del COVID-19?

Se conoce desde hace unos 15 años mediante estudios in vitro que la hidroxicloroquina inhibe el crecimiento del SARS-COV. Hace unos meses se ha publicado el primer estudio clínico llevado a cabo en Marsella. A pesar de las limitaciones evidentes y el pequeño tamaño de la muestra, los resultados son esperanzadores cuando se asocia hidroxicloroquina y azitromicina (un antibiótico). A pesar de que la OMS no lo recomienda todavía por no existir evidencia suficiente, la mayoría de centros de prestigio están incorporando a su protocolo de actuación esta asociación de fármacos además de los consabidos corticoidesy anticuerpos monoclonales.

El amable lector que haya sido capaz de llegar hasta aquí podría preguntarse qué relación guarda lo anterior con el RCDEspanyol. Pues es evidente que el maldito “virus chino de Trump” ha originado una pandemia en el peor momento (suponiendo que las pandemias aparecieran en buen momento) que ha provocado el confinamiento y la paralización de la vida del país entre lo que incluye la suspensión de las competiciones deportivas hallándose nuestro club inmerso en la lucha por la salvación.

Son muchas las posibilidades terapéuticas que barajan la Liga de Fútbol Profesional y la Federación Española de Fútbol, pero según las informaciones, todo apunta a que la competición 2019-2020 se terminará aunque no se sepa ni cómo ni cuándo.

Por ello confiemos en la responsabilidad de la población española, en el buen hacer de sus sanitarios y de todos los colectivos que están en la primera línea de fuego así como del arsenal terapéutico, en el que se encuentran “los polvos de la condesa”, para que la pandemia finalice lo antes posible con el menor número de víctimas mortales y que la sociedad, de la que forman parte nuestros jugadores, pueda volver a tomar el pulso de sus actividades.

CARLOS BARDAJÍ

Socio RCDEspanyol nº 224


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