Me resisto a llamar voleibol, forma admitida, al balonvolea de toda la vida, pero no quiero parecer un fósil del pleistoceno y en estas líneas diré voleibol e incluso vóley. Es verdad que en la fonética de balonvolea late un no sé qué de ondulaciones que le va como anillo al dedo… es un término la mar de descriptivo, pero no nos vamos a discutir por eso teniendo como tenemos los pericos motivos más que suficientes para la discordia doméstica contando en nuestra grada con admiradores de Bartomeu, Collet, Rufián o Piqué, que son diferentes manifestaciones del mismo fenómeno paranormal.

Las chicas del vóley debutaron el primero de octubre, domingo, una jornada con actividades extraescolares en muchos centros docentes. Ni que decir tiene que al comparecer sobre la cancha, saltaba a la vista que nuestras chicas eran las más bellas, con permiso de la dorsal nº 2 del Club Vóley Esplugues. En este mundo de fealdad y mediocridad, la belleza, en ocasiones, no es sólo un don… también es una virtud. Quienes somos feos podemos ser virtuosos (no es mi caso), pero porque no nos queda más remedio y porque algo hay que ser en esta vida. Que las pericas son las más bellas, es evidente… no hay más que ver a nuestra abanderada Gemma Mengual, esbelta y elegante, femenina y siempre sonriente y luminosa, y con el óvalo de su cara elíptico como el de una princesa gótica… no hay mortal que con ella rivalice, salvo… acaso y por ser generosos, la también divina Mónica Bellucci.

El balón no descansa… circula a gran velocidad de unos puños, de unos brazos a otros… los cuerpos trazan en el aire diagonales, oblicuas, líneas serpentinatas y en fuga, escorzos al modo de los lienzos y esculturas de los maestros del manierismo, de Tintoretto, de Ammannati o Cellini… pero con una limpidez definitiva sin el peso del volumen, del claroscuro y de la sobrecarga ornamental del barroquismo.

El balonvolea es un manierismo plástico, elástico, gimnástico… dinámico, heroico… moderno… muy al gusto de los poetas futuristas. En el vóley no hay especulación: cada pelota que se disputa se canjea por un punto. Es decir, punto y pelota. No te pasas 40 minutos sesteando… sea el caso del último partido en casa contra el Deportivo: los segundos 20 minutos de la primera parte sobraron, como los primeros 20 de la segunda. Y eso que ganamos por un rotundo 4-1.

En el vóley no hay un Fuentes, o un voluntarioso pero indelicado Pizo Gómez, que suba por la banda y mande un centro a las Quimbambas, si es que no lo estrella contra el jugador rival que bloquea su incorporación ofensiva.

En la cancha todo sucede como si los cuerpos fueran sometidos al traqueteo demencial de un acelerador de partículas… es el vértigo hecho masas y volúmenes y trayectorias. Que la bola no toque el suelo. Ese remate ajustado que entra por los pelos nos hace decir “la bola entró”… y no se trata de un partido de tenis de McEnroe, pero, como en el tenis, cada vez que a la pelota se le transmite vida, movimiento, ha de caer, por fuerza, un tanto. Aquí nada queda en suspenso, salvo en el aire los brazos de las chicas que bloquean el ataque de las rivales.

Quién fuera joven para lanzarse en plancha y salvar ese balón in extremis, para subir a la red, para saltar con potencia y ajustar un remate certero y potente… qué delicia, que fiesta para los sentidos ver a nuestras chicas, infrangibles, ágiles, arundíneas, como flexibles tallos de una espadaña lacustre batidas por el viento, dándolo todo en la cancha, y además uniformadas con esa bonita camiseta a rayas que nos alegra la vista, la de toda
la vida de Dios, y que podría haber inspirado al artistazo que perpetró el diseño del uniforme futbolístico de la presente temporada. Ya solo falta que al escudo le añadan la corona… pero la corona real, por descontado, pues nuestras chicas son, sólo hay que verlas, unas deportistas verdaderamente dinásticas, majestuosas… y acaso instalar losetas de caucho en el suelo, como en esas áreas lúdicas y recreativas, para que nuestras chicas no se lastimen al disputar un balón.

Soy vuestro Fan nº 1, también de nuestro entrenador, que no paró de dar indicaciones desde la banda… ojalá pueda acompañaros en más de una matinal deportiva, con el permiso, claro es, de la inflexible autoridad conyugal. Que “elástica” es poco. No como vosotras.

Javier Toledano Ventosa

Perico de Los Palotes

Peñista en Doctor Gert