Para titular este artículo podría haber tirado sin problemas de la riqueza en dichos y refranes populares de nuestra lengua, como por ejemplo el tan usado “monté un circo y me crecieron los enanos”, pero igual se entiende mejor si hago referencia a una de las aventuras de Gulliver, de Jonathan Swift, libro que la mayoría de nosotros leímos de pequeños (ignoro si hoy en día sigue formando parte de las lecturas de los jóvenes, o si Gulliver ya se convirtió hace tiempo en Guillem y la tripulación de su barco viajando al país de los Houyhnhnms está compuesta por “mossos” rebeldes que se amotinan). Cosas de no tener hijos y por lo tanto desconocer su plan de estudios.

Recordemos pues el cuento original: Gulliver llega al país de Liliput, después de la inicial desconfianza se hace amigo de sus diminutos habitantes y con la intención de aprovecharse del tamaño y la fuerza del visitante el rey de la isla le convence para que les ayude a derrotar a sus vecinos del reino de Blefuscu.

Gulliver, agradecido por la atención recibida en Liliput (le dieron de comer y beber y le vistieron), les echa un cable (o más bien un par de soplos), derrota a la armada enemiga y entierra a todos sus soldados junto con sus barcos en la arena de la playa.

Pero el bien intencionado Gulliver no hizo los deberes, no indagó antes en las razones de la enemistad entre ambos reinos: porque resulta que la gran diferencia, generadora de guerras y de odios, se basaba en algo tan nimio y carente de importancia como que los habitantes de Liliput cascaban los huevos por la parte más estrecha, mientras que los de Blefuscu lo hacían por la parte más ancha.

¡Vaya afrenta, vaya insulto a las tradiciones seculares de nuestro pueblo! ¡A muerte con los blasfemos habitantes de Blefuscu, vivan los huevos cascados por su parte estrecha!
Pues algo similar está pasando hoy en día en nuestra querida Cataluña, y por desgracia también en nuestro amado RCD Espanyol. Enanos de un lado incitando al odio hacia los del otro por sandeces, por ridículas diferencias, en su mayoría inventadas, exageradas y tergiversadas.

Como bien han escrito en anteriores artículos de opinión los brillantes columnistas de LCD, el ridículo de una minoría de separatistas, supuestos socios de nuestro Club (hecho falso claramente demostrado), pidiendo una declaración de apoyo al falso, ilegal y patético “butifarrendum” que se celebró ayer, nos ha llevado de nuevo a tener que declarar, claro y alto, que el RCD Español, fundado en 1900 por varios estudiante catalanes, no es una herramienta política al servicio de los enanos de turno, ni tiene socios que odien a España o a Catalunya porque ahí casquen los huevos por el lado estrecho.

Nuestro club se ha dedicado ayer, hoy y espero que siempre, a promocionar los valores deportivos, a la defensa de nuestra historia sin mácula alguna, a unir bajo unos colores a gentes de todos lados, catalanes en su mayoría, pero también aragoneses, andaluces, murcianos, madrileños o navarros. Sin clasismos ni racismos, sin confundir peras con manzanas y sin utilizar el deporte para generar odio en vez de alegrías y una pacífica convivencia.

Y lo mismo que han intentado algunos enanos que pase en nuestro pequeño y siempre tolerante reino blanquiazul, ha acabado arrastrando a toda la sociedad de Cataluña, y a gran parte de la de España, a un enfrentamiento estéril, ridículo, basado en inexistentes hechos diferenciales, por el simple capricho de un reyezuelo enano, en este caso llamado Puigdemont, acompañado por su corte de palmeros igual de bajitos en moral y hombría.

Y por desgracia en estos momentos no tenemos cerca a ninguna persona del tamaño de Gulliver, con el suficiente intelecto, valor y poder para parar los pies a los separadores, a los que odian al vecino sin razón, y con un par de soplos castigar a los culpables y sembrar la paz y la unidad en vez de del odio y la guerra.

Porque recordando el final del cuento de Swift, Gulliver acabó en el reino de Blefuscu, ahí le ayudaron (pese a haber luchado contra ellos y a haber hundido toda su flota) a construir una barca del tamaño apropiado para su enorme cuerpo y poder con ella volver a casa: y agradecido y sensato él consiguió que los habitantes de ambos reinos, de Liliput y de Blefuscu, hicieran las paces y dejaran vivir en libertad a todos su ciudadanos, sin importar que cascaran los huevos por el lado estrecho o por el ancho.

Aprendamos todos de este cuento: dejemos a un lado las inexistentes diferencias promocionadas con malas artes por el poder y sus paniaguados y trabajemos por una sociedad unida, libre y justa. Por un RCD Espanyol dedicado al deporte y por una gran Catalunya española ejemplo de cordura, honradez, empenta i seny.

Como siempre lo ha sido.

Ernesto Martí

Consultor perico

1 COMENTARIO

  1. un deseo cabal y bien intencionado y que compartimos todos los pericos de bien (la mayoría)… pero la fractura social está ahí, y llevará mucho tiempo sanar las heridas… si es que esta patética verbena no va a más… atenta la guardia…

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