Tomas Guasch Llovensà.- En nuestro ciclo de charlas con pericos singulares, nos reunimos con Pablo Pich-Aguilera Blasco (Barcelona, 1991), un joven sacerdote ordenado el pasado 29 de septiembre de 2019 en nuestra basílica de la Sagrada Familia. El Padre Pablo predica españolismo con su ejemplo pues no hay momento que no luzca sus colores con orgullo. El Padre Pablo entrega su vida a los demás y su fuerza vital y optimismo son un auténtico regalo.

T.G. Hola Padre Pablo, cuéntenos de dónde le viene su vocación españolista.

P.P-A.- ¡Buenas! La vocación españolista viene de mi abuelo. Él era del RCDE e inculcó el Españolismo en sus hijos, que, a la vez, nos lo inculcaron a nosotros. Esa vocación ha sido confirmada no solo por la sangre, sino también con el carácter y el haber experimentado en carne viva el españolismo sufriendo, llorando y con las alegrías propias de un equipo modesto. No perseguimos el triunfo, seguimos a un club que forma parte de nosotros y a lo que no podemos traicionar.

T.G. En su casa son 8 hermanos, ¿Todos son pericos o hay alguna oveja descarriada?

P.P-A.- En casa todos practicamos el españolismo. Unos más que otros pero todos somos pericos. Yo tuve la suerte de asistir al estadio durante muchos años con mi padre (hasta antes de entrar en el seminario). El fútbol siempre ha sido mi pasión, y el RCDE mi estímulo. Pero no hay ovejas descarriadas. Y si me enterase… ¡no sé qué podría pasar si me enterase!

Siempre quise ser futbolista. Mi padre jugó en las categorías inferiores del Espanyol. Siempre pedía jugar allí pero no lo vieron oportuno. Les doy gracias un poco a regañadientes jajaja. Dios me regaló chutar un penalti en la media parte de un Espanyol-Barsa en 2016. Fue un regalazo que satisface en parte mi deseo de la infancia y primera juventud.

T.G. Parece que la Liga ya está aquí ¿Habrá de nuevo otro milagro?

P. P-A.-  Dios lo quiera, empujaremos con lo que tengamos para que así sea. Mi cabeza no augura demasiada esperanza, pero ¿desde cuándo nuestra cabeza ha gobernado y guiado a nuestro equipo? Somos garra y corazón.

T.G. Comunismo y religión no combinan muy bien que digamos ¿Qué tal lleva un cura católico pertenecer a un Club propiedad de un comunista que invierte la cifra capitalista de 170 millones de euros?

P.P-A.-  El Comunismo Chino tiene unas características muy propias. Si bien el país es, en cuanto a libertades generales, comunista, a nivel económico es capitalista. En cuanto el Sr. Chen, es una persona que vive en un país comunista, pero ignoro cuáles son sus particulares opiniones. Además, una inversión tan capitalista dice poco del comunismo económico de China.

Sí es cierto que el mundo del fútbol (del deporte en general) se ha ido un poco de las manos en el tema económico. Las cifras de los traspasos y los sueldos son desorbitados muchas veces. Sabemos que los jugadores, ahora más con el tema de las televisiones, publicidad, internet, son activos, son franquicias, marcas personales. Creo que el fútbol moderno ha virado hacia unas formas de negocio que van más allá del propio deporte. Es la evolución propia de un mundo megalómano que va demasiado rápido.

T.G. Trate de explicarnos por qué el españolismo es una religión.

P.P-A.-  Jejeje. No considero que el españolismo sea una religión, no puedo caer en esa trampa. Se podría hablar muy impropiamente de ello y en un sentido mundano. La religión es aquello que nos “religa” con lo trascendente, con Dios. En este caso, podríamos decir en un nivel mundano, que nos “religamos” a este club al que amamos a su nivel. Es una religación cuasi espiritual, lo que es seguro, es que es ilógica, lo cual nos hace mucho más preciosos. Perseguir algo aparentemente irracional e ilógico es lo que nos hace ser libres y locos.

Ahora bien, dejar claro que el amor que tengo, o debe tenerse a un club de fútbol, sea el que sea, debe ser siempre ordenado y proporcionado (menos al Barsa, que no merece ningún amor y sí todo el odio futbolístico). No podemos amar más a nuestro equipo que a nuestra madre, por ejemplo.

Diría que el españolismo, dentro del mundo del fútbol, es la forma más pura de vivirlo. Igual que los galos permanecían fieles a su tradición y estilo, nosotros también permanecemos fieles ante el asedio culé. Eso nos hace más fuertes, nos obliga a permanecer unidos, a mantener nuestras raíces, a vivir más profundamente nuestro club. Nuestra religación es mucho más fuerte que la de un culé.

T.G. Si le digo que “El españolismo es exigente; requiere de sacrificios. El españolismo también debe costar algo. El españolismo que no cuesta nada es mentira” ¿de qué le suena?

P.P-A.- Parce asemejarse a aquello que decía Santa Teresa de Calcuta de que “hay que amar hasta que duela”. Le tengo una gran devoción a esta gran santa. Estuve en Calcuta 25 días en 2014 y he colaborado asiduamente con las Misioneras de la Caridad en Barcelona. Su labor de Oración y Caridad es espectacular. Ella sabía lo que significa “amar hasta que duela”.

Me viene a la mente también esta cita de Chesterton sobre el mundo y que podríamos trasladarlo al RCDE, que creo que nos representa bien: “¿Podemos odiarlo lo bastante para cambiarlo, y amarlo lo suficiente para creer que vale la pena cambiarlo? ¿Podemos contemplar sus enormes dosis de bondad y no sentirnos inclinados sin más a dar nuestra aprobación? ¿Podemos contemplar sus enormes dosis de maldad y no desesperarnos sin más? ¿Podemos, en suma, ser al mismo tiempo no sólo pesimistas y optimistas, sino fanáticos pesimistas y fanáticos optimistas? ¿Somos los bastante paganos para morir por el mundo y lo bastante cristianos para morir para él? Mi tesis es que, en esa combinación, quien fracasa es el optimista racional y quien triunfa es el optimista irracional. Sólo él está dispuesto a destruir el universo entero en beneficio del propio universo.”

Me ha venido a la menta también el espíritu de San Pablo. Podría ser aquel pasaje de 1 Corintios 13 sobre el amor: “El amor (dice cosas muy bonitas por aquí en medio, y luego dice:) todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”. El amor no es un sentimiento, el amor es sacrificio y entrega. Esto lo sabemos bien los pericos. Básicamente porque nuestro sentimiento casi siempre es de miedo, de incertidumbre, aunque siempre mezclado con ese optimismo irracional que nos hace pensar que ganaremos, porque sabemos que el RCDE es capaz de cualquier cosa, de lo mejor y de lo peor. Y vamos siempre esperando que sea uno de esos días mejores sabiendo que si va mal se puede convertir en uno de los peores. Eso es amor.

T.G.- El Coronavirus nos ha recordado que somos tremendamente frágiles. Un enemigo invisible y silencioso que ha golpeado mayormente a los más débiles como son nuestros abuelos. ¿Cómo está viviendo esta tragedia?

P.P-A.- La fragilidad humana es de lo primero que nos damos cuenta, y la única certeza, la muerte. La experiencia humana nos revela la propia fragilidad. Es cierto que en nuestra época intentamos rechazar todo lo que es dolor, sufrimiento, fragilidad… lo desterramos como si no existiera. No está bien visto. Sin embargo, la fragilidad es condición para mirar arriba, para no creer demasiado en nosotros mismos. Pensamos que somos inmortales, que nada nos puede pasar, que ya la medicina lo solucionará, que cuando lleguemos a viejos (lo cual no dudamos), no moriremos.

Punset dijo una vez: “aunque todo el mundo haya muerto, no está demostrado de que yo vaya a morir”. Es el sueño prometeico por el cual se ha “inaugurado el gran sueño que trata de diluir la frontera entre lo inmortal y lo mortal” (Prometeo, Esquilo). Pero cuando parece que estamos alcanzando la cumbre, caemos de nuevo bajo el peso de la realidad. Queremos ser dios sin Dios, es el primer pecado del hombre, la soberbia. No podemos alcanzarlo todo con nuestras propias fuerzas. Dios nos ha prometido la inmortalidad, pero no aquí en este mundo, sino en la vida eterna. Pero hay que ganársela mirando cuál es el verdadero designio del hombre, que se encuentra solamente en Dios.

El Covid19 debe habernos hecho conscientes de esta realidad, aunque no creo que lo haya conseguido en general (aunque ha habido cosas muy bonitas). Estos tiempos han sido duros, ha habido mucho dolor no curado, mucha incertidumbre, mucha injusticia. En el tanatorio me he encontrado con personas que no han podido despedirse de familiares. Amistades que han perdido familiares. Una conocida que ha perdido a los cuatro abuelos. Me explicaron de una familia a la que le llegaron unas cenizas (supuestamente de su madre) y unos días después encontraron a su madre muerta en su casa. Se ha privado a las personas de algo incluso superior a la salud, la dignidad. ¿Cómo es posible que las personas en el hospital o en las residencias no pudieran recibir visitas aunque fuera de uno o dos familiares? ¿Es la salud realmente una razón última? Dejo aquí la pregunta. Es tiempo para pensar en las razones últimas de nuestra existencia, pero ¿estamos realmente dispuestos a hacerlo?

T.G. Dicen los expertos que vienen momentos muy complicados en lo económico y, por ende, en lo moral. ¿Cómo puede ayudarnos la Iglesia?

P.P-A.- La Iglesia ha hecho y seguirá haciendo una labor encomiable. Desde muchas parroquias se ha seguido ayudando y se han aumentado las ayudas. No me gusta hablar de lo que hacemos, porque nuestra misión es trabajar en lo escondido. Por ello, la Iglesia no es muy dada (en general) a hacer campañas de la tarea que hace. Y creo que no deberíamos darnos publicidad de ella más que la que pudiera hacerse para ofrecer ayuda a las personas que necesiten de ella.

Ahora bien, remarcar aquí que la misión principal de la Iglesia no es ser una ONG. Toda la actividad caritativa debe nacer del amor a Cristo, del cual emana todo bien. Es amando a Dios que amamos a nuestros hermanos. Es el mandamiento nuevo: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Primero Dios, al cual hay que amar sobre todas las cosas, y luego al prójimo por amor a Dios. Solamente a la luz de Jesucristo descubrimos el misterio del hombre (Gaudium et Spes 22). Y la Iglesia tiene claro que debe trabajar tanto por la dignidad moral como por la dignificación de la vida de las personas.

Sin duda vienen momentos durísimos. En la parroquia hemos tenido que aumentar el suministro de alimentos en dos líneas: incremento de familias atendidas (al menos un 25% más, unas 250) y un menú diario para gente del barrio.

Desde aquí agradecer a KFC, Las Muns, Granier, Papa Johns, y demás entidades que nos donan comida para estos menús. También a personas que vienen de voluntarias y a las que donan comida o dinero.

T.G. ¿Cuál es el peor demonio del españolismo?

P.P-A.- Es más que evidente. Aunque es un demonio al que tenemos domesticado, se llama Culé. Recordemos siempre que Barcelona es solo Blanquiazul.

T.G. Elija al Santo Perico.

P.P-A.- Creo que el “santo” perico es Raúl Tamudo. Quizás un ejemplo de lo que es el Españolismo. Un jugador de éxito, que pudo triunfar en muchos equipos más exitosos (en cuanto a títulos y prestigio) que nuestro querido RCDE, pero que se mantuvo fiel hasta casi el final en el que tuvo que marchar. Es el único jugador perico que ha jugado en Sarrià, Montjuïc y Cornellà. Me entraba pavor cuando sonaba su nombre en el mercado.

Me gustaría hacer mención especial también de lo que es el Españolismo con personajes como Mauricio Pochettino, N’Kono o Luís García. Personas que recalaron en nuestro bienamado Club y del cual no se han desprendido nunca.

T.G. Usted tiene cerca de 10.000 seguidores en Twitter. Lamentablemente, muchas veces, las Redes Sociales son un campo de batalla por lo que personas como usted las dignifican. ¿Con más de 5.000 tweets, es un usted el Padre Twittero?

P.P-A.-  Jajajaja no me considero “el Padre Twittero”. No me gustaría ser recordado por ese título. No es fácil estar en las redes. Las redes son un medio, no un fin. Así que si veo que no ayudan a cumplir con el fin de evangelizar, desapareceré inmediatamente. Twitter es, en efecto, un campo de batalla. Sin embargo, es un lugar donde poder transmitir el mensaje de Jesucristo, un mensaje de Salvación (algo de lo que hablamos mucho los pericos jajajaja). Una Salvación que pasa, como en el fútbol, por entrenar fuerte, jugar más fuerte y dar la cara por el equipo. Así, Dios nos ha creado para que le amemos y nos amemos los unos a los otros. Y todo ello requiere esfuerzo y sacrificio. En un mundo donde reina la confusión, la mentira, el egoísmo, el individualismo, poner verdad es tarea difícil pero no por ello menos bonita o necesaria. Es un reto, y eso para un perico no supone un obstáculo, sino un acicate.

También yo me dejo llevar muchas veces por mis pasiones, soy sacerdote pero no por ello santo, soy humano como cualquier otra persona. Por eso pido disculpas desde aquí si a alguien he ofendido.

T.G.-  Los pericos siempre hemos sido una tribu suertuda, tenemos al Padre Dámaso que vela por nosotros en el cielo y al Padre Pablo que nos lleva la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo en la tierra. ¿Dónde y cuándo podemos encontrarle para recibir los sacramentos de la Eucaristía y la Confesión? 

P.P-A.- Dámaso es insustituible. Recuerdo cuando en una junta de accionistas salió a poner paz en un momento especialmente tenso. Un hombre sencillo y espontáneo, sin ningún tipo de vergüenza por mostrar lo que llevaba dentro, realmente entregado. Impresionante cuando fue al lugar del atentado de Barcelona de hace un par de años a confesar.

Tuve clarísimo en el momento de entrar en el Seminario, que toda ocasión y lugar puede ser bueno para predicar el Evangelio. Y poder anunciarlo entre el Españolismo es un orgullo para mí. Nada en el mundo queda ahora excluido de la evangelización.

Si puedo ser de servicio para alguien, podéis encontrarme en la Parroquia de Santa Eulàlia de Vilapicina. Celebro Misa lunes, miércoles y viernes a las 19.30; martes a las 11; jueves a las 8 de la mañana; sábados o a las 8 o a las 19.30 y los domingos a las 8.30 de la mañana (Misa de virtuosos madrugadores). Siempre estoy en la Iglesia al menos 1 hora antes de la Misa.

¡Que Dios os bendiga!


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