Solemos llamar así a nuestro club, el tan querido Real Club Deportivo Español. Que es real por distinción otorgada por Alfonso XIII en 1912, deportivo por ser el sano deporte su único objetivo y español por haber nacido en 1900 a iniciativa de un grupo de estudiantes catalanes, para contrarrestar el racismo y clasismo del otro equipo de la ciudad, de cuyo nombre no quiero acordarme, creado un año antes por extranjeros y utilizado desde el mismo día de su fundación para oscuros intereses políticos, económicos y de manipulación social. Es decir, para todo menos para el saludable ejercicio del deporte.

Mágico, que viene de magia (necesaria aclaración para los lerdos Piqués, Xavis o Araujos que pudiera haber entre nuestros lectores), pero no de su primera acepción en el diccionario, la de “Arte o ciencia oculta con que se pretende producir, valiéndose de ciertos actos o palabras, o con la intervención de seres imaginables, resultados contrarios a las leyes naturales”, sino por su segundo significado, que reza así: encanto, hechizo o atractivo de alguien o algo”. Como suele ser, el diccionario de la Real Academia da en el clavo, más aún con esta palabra, que apareció por primera vez en un diccionario en 1617, y que fue incorporada a la DRAE en 1734. La primera acepción para ellos, los malos, la segunda, para nosotros, los buenos.

Como todo el mundo volvió a ver ayer, el otro equipo de la ciudad volvió a tirar de la “magia”, en este caso de la magia negra, muy negra (como el carbón), para conseguir “resultados contrarios a las leyes naturales”. Con la ayuda de un árbitro conocido por sus afinidades con el otro equipo de la ciudad, ejerciendo de chamán a favor del equipo visitante, tolerando sus marrullerías, su falta de deportividad y educación, y alargando el partido hasta que marcaron, nuestro querido club y con ello los miles de seguidores que estaban en el estadio, en un bar o en casa ante el televisor o refugiados en su zona de confort con un simple transistor y una colección de estampas religiosas para ahuyentar el mal fario, volvimos a sufrir una injusta derrota (así me supo el empate). Algo que por muy doloroso que sea ya estaba previsto. La influencia de la magia negra culé siempre ha ido más allá de lo deportivo: desde sus inicios en 1899, el otro equipo de la ciudad se ha regido por intereses contrarios al deporte, ha sido fuente de múltiples disputas, ha malogrado a cientos de jugadores y ha generado separación y enfrentamientos en las familias, en la ciudad, la región y la sociedad en general. Desde su fundación ha “ganado” con tretas ocultas, ha salvado su patrimonio en varias ocasiones gracias a presiones políticas y sociales, ha engañado, ha robado, ha despreciado, ha dilapidado. En resumen, ha hecho daño al propio concepto y objetivo del deporte, del “mens sana in corpore sano”.

Pero aquí estamos, confiados y optimistas como siempre. Somos esa extraña y maravillosa minoría que se crece ante las derrotas, que no se rinde ante agravios e injusticias. Una minoría que no se amilana ante las mentiras de la prensa del sistema, que por más que los amanuenses del mal utilicen sus tóxicas recetas dignas de brujos medievales, no se amedrenta y sigue caminando con la cabeza muy alta.

Hoy vuelve a ser uno de esos días en los que nos ponemos con orgullo nuestra camiseta, enarbolamos nuestra bandera blanquiazul y caminamos sin miedo entre las ruinas deportivas y sociales que ha ido generando el otro equipo de la ciudad desde su maldita fundación.

Hoy vuelve a ser uno de esos días en los que el Real Club Deportivo Español supera los hechizos malignos, los efectos nocivos de las tóxicas recetas de los alquimistas venidos de Suiza para esparcir su maldad por nuestras tierras y sobrevive a los nigromantes de la injusticia y la maldad, alzando su voz para seguir cantando unidos y a voz en grito, “Adelante forza mágico Español”.

Los malvados, los otros, los malos, no podrán jamás con “el encanto, el hechizo y el atractivo” que genera en nuestras almas y nuestros corazones un más que centenario club deportivo que estuvo, está y estará siempre ahí para contrarrestar la maldad venida de allende los Pirineos.

Por mucha magia negra que utilicen.

Ernesto Martí, consultor perico.


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