Este domingo he aprovechado para salir en bicicleta de montaña con mi hijo. Como aquel que no quiere la cosa, nos hemos metido entre pecho y espalda 57 km., con un desnivel acumulado de 920 m.

Para los genuinos bikers que estén leyendo estas líneas lo que acabo de comentar no significará, seguramente, nada extraordinario. Sin embargo, para mí se ha convertido en una experiencia fabulosa. Dedicarle tiempo exclusivo a un hijo, en mi caso a través de la práctica del ciclismo, es el mejor regalo que puedo hacerle. Trazarnos una ruta ha supuesto luchar juntos por alcanzar un objetivo: llegar a la meta establecida. Asimismo, durante el itinerario hemos podido hablar de lo divino y de lo humano, creciendo así la confianza mutua, la complicidad entre los dos.

¿Qué tiene que ver todo esto con el RCD Español? Mucho más de lo que parece. Desde su más tierna edad, el sentimiento perico arraigó en mis hijos a pesar del pensamiento único azulgrana que, proyectado desde los medios de comunicación subvencionados por la Generalitat, hipnotiza desde hace años a la mayoría de los niños en el barrio, en el colegio…

Así pues, para reafirmar ese sentimiento españolista, no es de extrañar que toda mi familia estuviera deseando que llegase el fin de semana de partido para poder acudir a Montjuïc primero y a Cornellá- El Prat después. Independientemente del resultado y del juego del equipo la asistencia al estadio suponía un motivo idóneo para compartir ilusiones, decepciones, alegrías, penas, frío y calor; para hablar entre nosotros, escuchar los comentarios técnicos del más “entrenador” de los hijos o las confidencias personales de nuestra prole, que nada tenían que ver con el fútbol,  a mi esposa o a mí con la intención de pedir consejo sobre diversas cuestiones. En definitiva, asistir al estadio para ver jugar y animar al Español, se había convertido en un fabuloso acontecimiento que nos facilitaba crecer como familia.

Sin embargo, como puede vislumbrarse en el uso que he hecho de los tiempos verbales de pasado, lamentablemente en la actualidad no podemos seguir disfrutando en familia con el Español en el estadio. ¿Por qué? Muy sencillo: por culpa de los horarios tan intempestivos que sufren algunos de los equipos de la Liga, entre ellos especialmente el Español.

¿Alguien puede hacer algo para racionalizar los horarios de los partidos de fútbol? ¿No hay nadie dispuesto a frenar la caída de la asistencia de aficionados a nuestro estadio, especialmente de las familias, como consecuencia del desbarajuste de los horarios? Va siendo hora de que el Sr. Ramón Robert, consejero delegado del RCDE, coja el toro por los cuernos y no se olvide de que el Español siempre ha sido un club de gran arraigo familiar, un club de familias.

Manuel Acosta

Historiador y profesor, colaborador de La Contra Deportiva

2 COMENTARIOS

  1. Muy complicado lo que pides. Roures y sus palmeros nos quieren imponer su pensamiento único y que nos pongamos de rodillas. Ningun perico aficionado, jugador o directivo lo hará jamás. El sentimiento y la lucha para competir contra todo y contra todos nos hará más fuertes.

  2. Manuel, et felicito per l’article. Quina raó que tens.
    Nosaltres ho tenim difícil, per les raons que expliques. I compartir tarda amb la familia és una gran manera de fomentar l’espanyolisme (l’adoctrinament famós).
    Carlos, tens part de raó (l’odi a l’enemic reforça, efectivament, la identitat propia). Però aquests horaris deuen ser cosa de la federació espanyola, més que no pas dels altres, no?

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