Escribir una crónica del descenso del Espanyol, en todo un derbi disputado en el Camp Nou, era la última de las cosas que podía imaginar realizar. En la noche de ayer me tocó hacerla para esta casa tragando saliva y tratando de ser inmune al dolor, pero cuando la blanquiazul está de por medio eso es imposible.

Lo que sucedió anoche en el Camp Nou es la sentencia de un descenso anunciado. El Espanyol bajó a Segunda División matemáticamente, pero en la práctica ya lo había hecho mucho antes. Seguramente todos tengamos un momento clave en el que vimos el infierno. Confieso el mío: la noche en la que el equipo cayó derrotado en el Benito Villamarín. Tal vez fue la peor madrugada de mi vida en cuanto a asuntos meramente deportivos.

Por primera vez en mis 25 años de vida veré al Espanyol en Segunda División. ¿Saben qué? Hay algo que me produce muchísima curiosidad: leer a miles de pericos sintiéndose más orgullosos que nunca de ser del Espanyol. Mantener la cabeza alta aunque el equipo no te haya dado una sola razón, por el simple hecho de ser perico. Es realmente emocionante y demuestra una vez más que la afición es el alma del club.

Porque, cómo no, toca hablar del club. El Espanyol está obligado a aplicar la mayor revolución de su historia si quiere regresar a LaLiga, el lugar que le pertenece, en un año. Tener el mayor presupuesto en Segunda División no significa absolutamente nada: si cabe, más exigencia. Se han hecho tantas cosas mal que ya no sirve de nada lamentarse.

El espanyolismo ya no quiere más disculpas: quiere hechos. Construir un futuro en el que vuelva a brillar más intensamente. En el club cuentan con una gran ventaja respecto al resto de entidades deportivas: la afición perica y su fidelidad. Podrá criticar hasta lo insaciable todo lo malo que se ha hecho (mucho, muchísimo), pero en septiembre volverá a estar ahí. Sin condiciones y sin ataduras.

En el encuentro con la prensa del pasado mes de diciembre, tuve la oportunidad de hablar unos minutos con el presidente Chen. Confiaba en su determinación para sacar del pozo más oscuro al Espanyol, pero no lo ha conseguido. Se le avecinan unos meses determinantes, los más importantes desde su llegada a la entidad perica. Debe saber rodearse mejor que nunca (JM Durán es un buen comienzo, pero falta más) y demostrar que ha aprendido de este fracaso.

Si hay renovaciones firmadas, rompa todas presidente. Limpieza total y absoluta para resurgir. De lo contrario, estará poniendo palos a las ruedas en el objetivo del ascenso. La fidelidad del espanyolismo es innegociable, pero está muy al límite. Cuidar al socio pasa por crear un proyecto sin los cadáveres del descenso. Cuanto antes comience la revolución, mejor.

Brian Calvo Sánchez.

Redactor de La Contra Deportiva.


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