Escribo en plena locura tras el cinco a no sé cuántos del Mallorqueta al Celta, ver para creer. Cada partido es un sinvivir, también el del rival más a mano. Es inevitable, pero me mantengo. Como los milagros aparecen más que se buscan, prefiero refugiarme en el clásico lo-que-sea-sonará. Lo normal es que aquí suene música fúnebre y el momento sea muy desagradable. Pero aunque les extrañe no será eso, el descenso, lo que más me alarme.

No. Cada año bajan tres. Normalmente los que peor lo han hecho y bien no lo ha hecho el Espanyol. Ni regular. Con regular estábamos el 15 como poco. No he tenido ocasión de hablar en mi vida con el señor Chen, probablemente no lo haré jamás. Pero sí puedo escribirle un par de cosas. La primera, agradecerle de nuevo su decisión de comprar el club. O sea salvarlo. Lo he comentado más de una vez: estaba el club en el suelo, moribundo, y apareció un señor con una inyección. Se la puso y lo salvó. Me recordó el shock anafiláctico que sufrí con 23 años. En el suelo. Más p’allá que p’acá. La inyección salvadora.

Gracias otra vez. No voy a entrar, y bien podría, en la gestión deportiva de los últimos meses. El descenso, si llega, el año de mayor inversión en la plantilla. Todo eso. Daría para mucho, pero ni me apetece ni les voy a marear a ustedes con un texto largo. Me preocupa más que nada el destrozo que en lo social está viviendo el club: es terrible. Destrozo que, entre otras cosas, le va a costar mucho dinero al señor Chen y eso me duele. Es de bien nacido desearle que su sistema nervioso y su cuenta corriente sufran lo menos posible, el Espanyol mediante. Está en sus manos evitarlo. Además, como dijo un día Fernando Martorell, un tío que es del Espanyol a mí me cae bien.

Lo peor, más que el descenso opino, es el descalzaperros social que vive el club y al que le veo solo un remedio. Señor Chen: apóyese usted en los pericos de cuajo, de los de toda la vida que siguen en el club. Fíese de ellos. Siempre y más en estos momentos de dolor. La vuelta a Primera si se confirma lo que parece inevitable y el reto de construir por fin un Espanyol fuerte, reconocible, serio, empieza por que usted haga piña con la gente de casa. No invente, presidente. Está usted muy lejos, le imagino que zozobrante al máximo. No invente. Mire a su alrededor. Tenga usted un feliz verano.

Tomás Guasch

Periodista de la Cadena Cope

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