Como bien recordaba hace unos días un artículo de este diario, hace 12 años nuestro querido club de fútbol ganó su último título oficial. Nuestra bien merecida cuarta Copa del Rey llegó de la mano de ídolos inolvidables, como Tamudo, Jarque, Luis García, de la Peña, Zabaleta y Coro. Y encima en un campo precioso, el Santiago Bernabéu. ¡Y ya está! Simplemente fue eso, una victoria en un evento deportivo. Porque de eso se trata cuando se practica un deporte, de participar, de ganar si puede ser y de perder con honor y educación cuando toca. Y de esto nosotros, los pericos, sabemos bastante. No hace falta que vengan de fuera, o del otro lado de la Diagonal, a contarnos nuestras penas, nuestras supuestas desgracias o nuestros fracasos. Conocemos la historia de nuestro más que centenario club de fútbol al dedillo, quien más quien menos puede recitar de corrido varias alineaciones históricas, hemos vivido jornadas increíbles, momentos inolvidables en Sarriá, placeres insospechados en el orinal y, como bien sabemos todos, también tristes y amargas derrotas. Muchas y variadas. Las más duras, sin duda, las dos finales de la Copa de la Uefa perdidas, una en Leverkusen, la otra en Glasgow.

Pero en ninguno de estos casos nos hundimos. Ni insultamos a nadie. Ni buscamos excusas. NI nos rasgamos las vestiduras. Ni quemamos nuestras camisetas o nuestras banderas. Ni manipulamos al día siguiente la realidad con falsos artículos de la prensa afín. (Esa prensa monolítica y dictatorial que por desgracia tenemos en Barcelona y que sigue a lo suyo, año tras año, siglo tras siglo, aupando a unos y denigrando a otros). Al contrario, nos levantamos, como buenos barceloneses, catalanes y españoles, y seguimos adelante gritando al unísono: ¡Qué más da! De las derrotas se aprende igual o más que de las victorias. Y más aún en el deporte. Las victorias dan un placer momentáneo, como el de un amor de verano, mientras que las derrotas son simples incidentes de una relación y un amor eternos. 

Ese amor imperecedero que está por encima de los valores materiales y efímeros. Un periquito jamás queda “marcado” por una derrota, como decía TV3% hace 5 años en un reportaje sobre nuestro querido club, vídeo que por cierto tuvieron la poca gracia (o el poco conocimiento) de titular “Marcats, més enllà de Leverkusen”. Hace 5 años ya escribí sobre el particular, y hoy lo volvemos a demostrar como siempre.


A nosotros no nos marcan las derrotas, ni las temporadas mediocres, malas o desastrosas. La única marca que llevamos, muy cerquita del corazón, es el amor a unos colores, a una familia, a un deporte y a nuestra gloriosa y modesta historia.

Nuestra marca es blanquiazul y se llama RCD Españyol. Ganemos, empatemos o perdamos.

Para llorar, criticar, manipular, odiar, blasfemar y renegar de sus colores ya tenemos a otros. Y bien sabemos quienes son.

Adelante mágico RCD Españyol. Siempre fieles.

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