Lloverán estos días agradecimientos a los jugadores a los que me uniré, al cuerpo técnico, al españolismo en general, pero mi agradecimiento va hoy por los chavales de 10, 12, 14, 16, 18 años que han sabido entre viento y marea mantener viva la ilusión por unos colores, aquellos que no han desfallecido en los momentos difíciles, aquellos que cuando sus amigos lo celebraban todo, ellos con orgullo seguían diciendo, “soy perico”.

Voy a explicar lo que me queda más cerca, hará un par de semanas fui a su habitación a dar las buenas noches a mi hijo Pepe, estaba cruzándose wasaps con Mery, como siempre le di un beso y un abrazo, no sé porque me salió decirle con una sonrisa en los labios, “no sé si algún día me perdonarás que te metiera el blanquiazul en vena al nacer”, saltó una media carcajada y me dijo “papá ser del Español es lo mejor del mundo”. Al día siguiente les dije lo mismo a Maribel y a Irene, menos futboleras pero igualmente entusiastas, la respuesta casi al unísono, “papá no digas tonterías”. Maribel y Pepe ven cada partido en la grada Canito, “la curva”, Irene ya me ha pedido ir allí el año que viene y quiere jugar en el Español de volei si hay equipo de cadetes.


Son orgullosamente mis hijos, pero podrían ser los tuyos querido lector, los de cualquiera que sienta eso inexplicable que es el españolismo. El otro día se llevaron la primera alegría futbolística de su vida, las lágrimas de emoción de Pepe, con su metro ochenta y dos de defensa central siempre con el 21 a la espalda, la de Maribel con un estilo inconfundible, la de Irene con su sonrisa inigualable. Y mi sentimiento como familia, nos unen muchas cosas y entre ellas domingo a domingo la pasión blanquiazul.

Por eso creo que el éxito del sábado pasado es más que la fuerza de un sentimiento de una maravillosa minoría, es el éxito de unos corazones jóvenes que laten llenos de futuro.
Que grandes sois chavales.

JOSÉ MARÍA FUSTER-FABRA.

Abogado perico.

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