Probablemente ahora mismo, a cualquier perico que le pidamos finalizar la siguiente secuencia: Marañón, Tamudo y… Acabará pintando el nombre de Gerard Moreno sin pestañear. Palabras mayores. Desde las generaciones marcadas por los dos primeros delanteros citados en esta columna los pericos no habíamos disfrutado de un delantero con parecida raza y calidad. Bueno, de la casa, y hasta me atrevería a decir que foráneo con el permiso de Radicioiu, Ismael Urzaiz, Osvaldo, Luis García o Sergio García.

A todo ello se le suma su divina condición de canterano. En ese apartado un servidor lo situaría entre las apariciones más estelares de la casa. Al nivel del propio Raúl Tamundo, Daniel Solsona, Sergio González o Jordi Lardín, sin miedo a exagerar.


Es por ello que simplemente hace falta tener un poco de sentido común para entender que Gerard es “El heredero”. No es un futbolista más. Y por tanto al de Santa Perpètua de la Mogoda hay que mantenerlo en el club como sea, por lo civil o lo criminal. ¿Entenderán esto nuestros actuales dirigentes como lo comprendieron los que mantuvieron a Marañón y a Tamudo tantos años en blanquiazul? Cierto es, que en el caso de Raúl tuvo mucho que ver la flor en el culo de la que hacía gala Daniel Sánchez Llibre, pero oigan, allí estaba y cumplió su cometido en Glasgow.

Con Gerard Moreno en el equipo no solamente tenemos un tremendo delantero para años. Ganamos en carisma en todos los amplios sentidos de la palabra. Algo de lo que por desgracia venimos adoleciendo. Un referente incuestionable, un buque insignia, un gladiador de la casa capaz de sentir la camiseta como su propia piel.

Es tan excelente su poderosa aparición, que incluso él solo, puede rellenar en el campo el inmenso vacío que hay en el palco, en el sentido de orgullo y el sentimiento de pertenencia que siempre ha engrandecido la leyenda de nuestro amado Espanyol.

Mención aparte merece el incomprensible olvido del torpe de Julen Lopetegui en la convocatoria de la selección española. Hasta un ciego ve que “El heredero” está para viajar a esa maravillosa patria llamada Rusia, con sus paisajes, sus valores y sus costumbres, y coronarse como un auténtico Zar en el próximo mundial de selecciones absolutas. ¿Quién sabe si podrá verlo incluso Lopetegui de aquí al mes de junio?

Robert Hernando

 

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