Nunca he sido un gran aficionado a la música disco, entre otras cosas por mi escaso sentido del ritmo y en la vida he sabido dar un paso de baile. A mucho tirar, en mis años mozos, tiempo ha, me animaba a menearme patosamente una vez medio cocido a pelotazos en la barra. Pertenezco a esa generación de hombres que ya peinan canas (quien conserve el pelo) que, sin un par de copas al coleto, eran incapaces de acercarse a una chica siquiera para pedirle la hora, por indoctas maneras en el arte de la galantería.

No obstante, me gustó que en los prolegómenos del “derby” pincharan por megafonía “I will survive” de Gloria Gaynor, un tema representativo de ese estilo musical. Además, la mascota perica bailaba que era un contento, transmitiendo buena onda a la grada. El perico se esforzó de lo lindo, pero ya he dicho que no a todos nos ha llamado el Señor por los caminos de la danza.

Guardo buen recuerdo de esa canción porque sonó a toda castaña en el “Palau Sant Jordi” cuando el equipo español de tenis ganó el punto decisivo para alzarse con la primera Copa Davis de nuestra historia. Ese “sobreviviré”, por razones obvias, encaja mejor en los altavoces del estadio en el momento presente que el himno anterior, “Highway to hell”, de AC/DC, citado en el último palote, pues parecía más a propósito para describir nuestra carrera suicida hacia las calderas de Pedro Botero que para intimidar a los rivales: ni siquiera el Cacereño ha sucumbido en Cornellá-El Prat. Cuantos por casa pasaron, la oreja nos mojaron.


Ítem más, si hacemos abstracción de este ñordo de temporada, título y letra se adecúan a las mil maravillas a la trayectoria histórica perica, pues la entidad las ha pasado canutas, descensos, pésima gestión institucional, ruina económica, el llorado “Sarrexit”, exilio en Montjuïch, hostilidad política, social y mediática y una largo etc. Y el club, magia potagia, ha sobrevivido.

Ese día acudí al estadio, a decir verdad, con muy pocas esperanzas de que pudiéramos complicarle la vida a los malos. Ni siquiera me animaba el dicho aquel de “entrenador nuevo, victoria segura”, pues se estrenaba Abelardo (de pasado culé) en el banquillo. En realidad estaba cabreado como una mona porque en la jornada anterior, en la que, jugándonos la vida, ni siquiera inquietamos al CD Leganés a domicilio, y que al vencer nos adelantó en la tabla relegándonos al dudosamente honorable puesto de colista, comprobé estupefacto que uno de mis jugadores favoritos de la campaña 2018/2019, el venezolano Rosales… ¡¡¡Milita precisamente en las filas del conjunto “pepinero” (y que conste que yo no me he inventado el mote del club madrileño)!!!

Uno entendería que Rosales, al concluir la temporada, y de no seguir en el RCDE, marchara a un club de más empaque y presupuesto. Eso que se dice: “no lo pudimos retener (venía cedido)”, que es lo que sucede a equipos modestos con jugadores notables en su desempeño. Pues, ahí lo tienen, en todo un ¡¡¡CD Leganés!!!… No obstante, el partido fue vibrante y disputado. Nuestros chicos no le perdieron la cara ni siquiera tras ser remontados por el eje del mal, cómo no, en los primeros cinco minutos de la segunda parte. La “caraja” habitual. Y chillé como un loco cuando Wu Lei cruzó el balón para empatar a dos, tras un meritorio pase al hueco del argentino Vargas, y por mi boca, eso está feo, lo sé, salieron sapos y culebras dedicados a un grupito de culés infiltrados en mi sector (o quesito) que celebraron engallados y desafiantes el 1-2 del “klingon” Arturo Vidal. Y me regresé a casa contento, tarareando, oh, sí, “I will survive”.

Javier Toledano Ventosa

Perico de Los Palotes

Peñista en Doctor Gert

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