Ayer nos sorprendía la aparición en escena del nuevo “director de identidad” del RCD Españyol de Barcelona, a las órdenes del “ínclito” Francisco Joaquín Pérez Rufete. (Lo de entrecomillar el ínclito entendedlo como ironía y por la imposibilidad de poder usar las “comillas aéreas”, ese gesto tan moderno y guay de simular las comillas con los dedos para sentirse realizado cual tertuliano progre y analfabeto, populista manipulador o arrogante mando intermedio de multinacional cosmopaleta). Porque siendo objetivos y justos, lo más apropiado hablando de Rufete sería usar cualquiera de los múltiples antónimos que tiene la palabra ínclito en nuestro rico y querido idioma. Libres sois de elegir aquí el epíteto que queráis dedicar a Rufete. O varios.

Mal momento eligió el club (o el propio interesado lanzando un comunicado en Twitter) para anunciar el nombramiento del nuevo director de identidad. Estando los pericos aún rabiando por el descenso a segunda división, tan justo como intolerable, solamente nos faltaba que viniera alguien de fuera con el pomposo nombre de “director de identidad” para acabar de complicar la situación. Y más aún si en su perfil de Twitter aparece nuestro club como RCD Espanyol C.F. (alguien le avisaría rápidamente, ya que lo corrigió al poco rato). Y si no hubiera bastante con esto, a los pocos minutos ya circulaba una fotografía suya visitando el museo del Barza. Mal, muy mal. Llevamos años aguantando infiltraciones, intromisiones y manipulaciones de personajes totalmente ajenos a nuestro Club, y en muchos casos cercanos al otro club de la ciudad. Y no es de recibo. No voy a decir nombres, son de sobra conocidos, pero españolistas que sepan de identidad, de nuestra identidad, y que encima atesoran años de experiencia y éxitos en sus respectivos trabajos, economistas, juristas, publicistas, médicos… hasta exfutbolistas, entrenadores y preparadores físicos, tenemos muchos. No necesitamos tantos nuevos cargos, tanta modernidad, tanto amiguismo, tanto extraño en nuestra casa. Si seguimos así, como ovejas copiando lo que hacen los demás, sin valorar la necesidad o la idoneidad del cargo, acabaremos en breve tiempo con un Director de Identidad de Género y Diversidad, otro de vigilancia de la huella de carbono y un experto en control de pandemias. Y una sección transgénero polideportiva con la que arrasar a las mujeres en cualquier deporte, al estilo de la antigua RDA.

Pero tranquilos, igual lo estemos exagerando todo. Aunque el nombre del cargo pueda inducir a error, el puesto para el que han fichado a Hugo Blanco Pita parece que se limita a lo puramente deportivo, algo que cuadra con su currículo. Queda por lo tanto la esperanza de que se dedique a lo suyo, a fomentar las secciones inferiores, el esfuerzo, las mejoras técnicas, deportivas y físicas. Zapatero, a tus zapatos.

Pero que se abstenga de pisar un terreno tan sensible e importante para nosotros como nuestra identidad: de eso no sabe nada, y todo lo que pueda saber estará infectado por su vida anterior y su larga estancia en la Liga de Fútbol Profesional. Como bien sabemos todos, una institución llena de amor, respeto y apoyo a nuestro histórico club.

Dar la bienvenida a alguien completamente ajeno a nuestro club cuesta mucho. Cabría aquí recordar la famosa frase de Luis Aragonés: “no me presentéis a nadie más, conozco a suficiente gente”. Nosotros tampoco estamos para conocer a muchos extraños. No es que seamos huraños, los periquitos siempre hemos demostrado ser educados, tolerantes, y hospitalarios y por lo tanto le daremos una oportunidad, un tiempo de gracia. Pongamos un par de meses. Ni más ni menos.

Que llevamos una racha de demasiados decenios en manos de inútiles, semiculés, vividores y nefastos gestores, que nos han abocado a un destierro en la segunda división del que ellos y solamente ellos tienen la culpa. La dirección, los entrenadores y los jugadores.

Los únicos inocentes, libres de cualquier responsabilidad en el histórico fracaso que hemos vivido esta triste temporada, somos nosotros, los seguidores. Los herederos de una historia más que centenaria, los continuadores de una tradición transmitida de padres a hijos: los pequeños, los minoritarios, los maravillosos y eternos pericos.

Y en estos momentos que estamos viviendo, con una extraña pandemia poco explicada y una nueva normalidad muy descarada por impuesta, lo último que nos faltaba es una “nueva identidad”, otro oxímoron de esos que están tan en boga, pero en este caso peor: cambiar la identidad nunca ha tenido nada de positivo.

Un cambio de identidad se usa para ocultar algo o a alguien.

O para borrar la historia (al estilo de lo que están haciendo los manipulados siervos de BLM).

O para adaptarse a la tendencia generalizada, al mainstream, para mimetizarse, para ser uno más dentro de la masa uniforme que tan bien funciona, obedece, trabaja y consume.

La identidad del RCD Españyol no se toca. Ni se cambia Ni se manipula. Ni se utiliza. Ni se absorbe. Ni se ningunea. Ni se somete a público escarnio. Ni se reinterpreta.

Nuestra identidad es una. Desde 1900.

Ernesto Martí.


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