El último artículo de Carlos Acosta en LCD, “Que jueguen ellos”, nos da una pista y abre un camino a transitar. No sé si existe alguna iniciativa similar a la que plantearé aquí corriendo por las redes, pues soy un zote para la tecnología y un servidor de redes sólo conoce las de pesca. Me explico. El berenjenal es tremendo: que si se termina el campeonato alargando la temporada hasta julio y agosto, y a puerta cerrada, cada dos o tres días… ¿y por qué no un partido por la mañana y otro por la tarde a 45 que no a 90’? ¿O que se disputen los 3 puntos a los chinos o a la brisca?… Que si se juega a las 22h, que si en Canarias o en Chafarinas. Que si la LFP dice una cosa, que si la RFEF la contraria y todos a la espera de las directrices de ese gran gobierno de la nación que gestiona con mano providente (la envidia de medio mundo) esta devastadora crisis sanitaria, salpimentada con otra económica, dicen, que retraerá el PIB, a lo menos un 8%. Y los intereses de las televisiones, con ese pedazo de especulador e intrigante de Roures huroneando por todas partes. Y los ERTE’s, y la ficha de los futbolistas y la devaluación de las grandes figuras y… qué sé yo cuantas más cosas.

Dice Carlos Acosta, con razón, que los jugadores profesionales tendrán que decir esta boca es mía y su decisión será clave en el desenlace de este barullo fenomenal. Cierto… pero también los perplejos aficionados, que hasta ahora, sumidos en un “shock” colectivo, guardamos silencio. Pues va siendo hora de que digamos algo al respecto. ¿A puerta cerrada? Y un bledo. ¿Qué es el fútbol sin espectadores en el graderío? Pues, como dice Acosta, una función teatral para un auditorio vacío: un truño, hablando sin tapujos. Por tradición cultural y arraigo social el fútbol es un deporte de masas, no así el billar a carambolas. Sin los aficionados no hay negocio ni espectáculo. Rectifico, quizá negocio sí, gracias al dinero de las plataformas y de las retransmisiones TV… sólo que ese negocio no habría prosperado jamás sin la fase previa del público “presencial”, de la pasión y querencia de los hinchas por unos colores.

Cierto que los aficionados de los grandes clubes por su palmarés, que no por los valores que encarnan, son tantos que trascienden el ámbito específico de la concurrencia al estadio. El Real Madrid y el Barça tienen millones de seguidores que se autoproclaman muy culés o muy merengues, pero es posible que sólo un modesto porcentaje de todos ellos haya pisado media docena de veces el Santiago Bernabeu o el Nou Camp. No pasa lo mismo con los aficionados de los clubes de más modesta condición, como nuestro amado Español, el Celta de Vigo o el Sporting de Gijón. No olvidemos que los grandes, por soberbias que sean sus directivas y sus aficiones, lo son porque se miden a otros más pequeños. Quiero decir que un aficionado del Real Madrid o del Bayern de Münich recibe a diario docenas de “inputs” de su equipo: publicidad en todas partes, camisetas en las tiendas, noticias en los medios de mayor difusión, complicidades con las instituciones representativas de la ciudadanía, partidos promocionales en la Cochinchina… en cambio, uno del Español apenas tiene en su haber el “input” directo de la propia asistencia al estadio, y a menudo para recibir un “output” en el trasero tras verlo perder… una vez más.

No sé qué será del fútbol tras el colapso coronavírico, incluso de la Humanidad, si es que esto no acaba en una suerte de apocalipsis zombi, de holocausto caníbal a escala mundial, pero ya digo que el fútbol, el deporte rey, sin espectadores es un contradiós. Que no se equivoquen aquellos que tienen mando en plaza. Uno puede entender que los más interesados quieran defender sus inversiones, sus beneficios a corto plazo, o minimizar pérdidas, y otros mantener su status de figurones en los despachos, pero que procuren no encampanarse al precio de cargarse el fútbol y disipar las ilusiones de los aficionados.

Los pericos no dejaremos de serlo por bajar a Segunda División, pero no sé qué será de nosotros si no podemos acudir al estadio para aplaudir a rabiar la disputa del balón por uno de nuestros jugadores o llevarnos las manos a la cabeza por encajar un gol tonto o malograr una clara ocasión de gol. Por ello emplazo, si les place, a esos pericos que saben manejarse en las redes a que pongan en marcha una campaña petitoria de recogida de firmas vía “internet” para entendernos, mostrando nuestro rechazo a cualquier pretensión de reanudar el campeonato sin público en la grada. Ya saben, eso de los “hastag”, “me gusta”, “firme aquí con un click”, esas cosas. Y a ser posible contando con la complicidad de grupos organizados de aficionados de cuantos clubes puedan estar en nuestra onda, qué sé yo, de un Osasuna, un Deportivo de La Coruña o un Rácing de Santander. Algo parecido a una ILP, Iniciativa Legislativa Popular, de esas que se presentan en el Congreso con el aval de un número determinado de firmas validadas (creo que 500.000).

¿Partidos a puerta cerrada? Nanay. O rompemos la baraja. Y nada de subterfugios ni escapatorias. O vamos al estadio, o no renovamos carnets. Y quienes estén abonados a esas plataformas que te sirven un Arsenal-Everton a la sagrada hora de la siesta ya pueden ir pensando en darse de baja… que la vida es perfectamente compatible con prescindir de la final de la, digamos, “Bundescopa”, entre Schalke 04 y Werder Bremen.

Javier Toledano Ventosa

Perico de los palotes

Peñista en Doctor Ger


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1 COMENTARIO

  1. Gracias por sus alabanzas Don Javier. Excelente su propuesta.
    Esos esperpentos que dicen manejar el fútbol tienen que entender que su negocio se les ha devaluado. Si no les gusta ello entonces haber invertido en una granja de pollos que ahora se vende mucho. Como la bolsa o como el programa de tv Un Dos Tres de Mayra. A veces se gana y a veces se pierde.
    Pasarán por encima de la normativa gubernamental si hace falta y si hay que financiar los partidos políticos también se lo plantearán.
    Un cordial saludo.

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