Acostumbra el mes de julio a ser maldito para los abogados, el trabajo se acumula y juzgados por un lado y clientes por el otro, parecen entrar en una fase de urgencia inusitada por acabar las cosas antes de verano.

Julio es un mes en el que casi todo pasa desapercibido entre montones de papeles. ¿Todo? No, Maribel, Pepe e Irene los dos primeros ya debidamente aposentados en La Curva y la pequeña a espera de poder hacerlo, me agobian constantemente con una pregunta. Papa, ¿ya nos han llegado los carnets? (por cierto a la hora de escribir este artículo aun no me han llegado).

Luego Pepe me pilla por banda para decirme lo que le gusta la camiseta de este año y como ya ha definido el nombre que quiere en la espalda, el nuevo ídolo que se atiba entre nuestros chavales, Borja Iglesias.


Y servidor, entre juicio, recursos, ida y venida a la Capital del Reino no puede por menos que seguir preguntándose, qué veneno habré inculcado a mis hijos para que conscientes un año más que todo lo que no sea sobrevivir es un exceso, pese a ello mantengan tan vivas sus ilusiones hoy infantiles y adolescentes.

Un año más el orgullo perico hace que insistan en su pregunta, el temor a no poder ir al primer partido que juguemos en casa se les acentúa cada vez que les digo, todavía no.
Se retiró Tamudo y para ellos fue un golpe porque en casa somos más tamudistas que el propio número 23, vendimos a Gerard y otro nuevo golpe, pero siguen aferrados a un sueño, siguen creyendo en un ídolo nuevo, siguen sintiendo una pasión tan sana como irracional.

Nunca tuve la más mínima aspiración a tener cargo alguno ni tan siquiera en una peña, porque para mí El Español es ante todo y por encima de todo, algo sobre lo que sería incapaz de racionalizar, de tomar una decisión fría, nuestros colores son parte de la sangre que me une a mi mujer y a mis hijos.

Por eso somos los pericos absolutamente incombustibles.

JOSÉ MARÍA FUSTER-FABRA.

Abogado perico.

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1 COMENTARIO

  1. Enhorabuena por el artículo.
    Me ha gustado y me he sentido representado, aunque en cierta manera duela el reconocerlo, porque sí, alguna irracionalidad he cometido siguiendo al equipo, o defendiéndolo a capa y espada.

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