Jugadores como Vélez de Mendizabal, Gorka Iraizoz, Moisés Hurtado, Albert Yagüe y Víctor Ibáñez han pasado, como cedidos por el RCDE, por la S.D.Eibar. La mayoría de estas cesiones se produjeron cuando el conjunto armero aún militaba en las categorías inferiores del fútbol español (segunda y segunda B).

El primero de ellos fue Iñigo Vélez de Mendizabal, que fichó en el año 2003 por el Espanyol B. El delantero vitoriano llegaba a la cantera perica como una de las mayores promesas del fútbol vasco, pero su primera temporada en Barcelona estuvo marcada por una grave lesión de rodilla que le dejó en dique seco prácticamente toda la temporada. El año siguiente, en 2004, volvió cerca de su añorada tierra y se fue cedido al Eibar, club con el cual disputó tres temporadas en segunda división (2004-2007).

En la temporada 2004/2005, dos nombres más conocidos por la parroquia espanyolista defendieron la zamarra del Eibar. Se trata de Gorka Iraizoz y Moisés Hurtado. Ambos futbolistas fueron imprescindibles para el entrenador, Jose Luis Mendilíbar, y disputaron la mayoría de encuentros, rozando un ascenso a primera división. Tanto Gorka como Moisés volvieron al RCDE para ser los futbolistas que hoy en día recordamos.

En la campaña 2007/2008 fue el turno del delantero Albert Yagüe. El jugador catalán se marchó cedido a Ipurúa con una opción de compra asequible. El útlimo de ellos fue el guardameta Víctor Ibáñez, quien militó en el equipo armero la campaña 2010/2011, pero pasó sin pena ni gloria por tierras vascas.

Arbilla: crítico con el Espanyol

Diferente es el caso del defensa experico Anaitz Arbilla. Tras dos años defendiendo la camiseta del Espanyol, el jugador aterrizó en el Eibar el pasado verano.

Arbilla, que pasó una auténtica pesadilla con las lesiones, ha disputado 17 encuentros oficiales esta temporada y ha aprovechado que este sábado se enfrenta a su exequipo para lanzar un mensaje en referencia a su salida: «En el momento fue bastante cruel, pero por suerte tener un equipo como el Eibar dispuesto a hacer un esfuerzo por mí después de no haber pasado un buen momento fue importantísimo. Todo el mundo sabía que mi intención era quedarme y vi que pasaban los días y no se contaba conmigo. Tenía que tomar una decisión, no podía estar un año sin jugar. El trato que recibí no me pareció justo. Después de lo vivido que había sido un calvario no tuve la opción de poder seguir demostrando que podía estar a buen nivel. Cuando me dijeron las cosas claras ya era tarde y había tomado una decisión”.


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