“Sigo siendo el primero en levantarme. Eso no ha cambiado ni lo cambiará el confinamiento. Trato de que cada día siga siendo un día normal y mantengo las mismas rutinas: empiezo a preparar los desayunos, despierto a las niñas y desayunamos todos juntos. A las 10.00h ya me pongo a mi faena. No es fácil. Me está costando. No puedo mirar hacia otro lado cuando sé que todos conocemos ya a alguien que se ha infectado o que está luchando contra esta grave enfermedad que nos ha pillado por sorpresa por la velocidad de contagio que ha tenido. Estoy plenamente concienciado de que sólo nos vale seguir en casa y mantener todas las normas de higiene, ejercicio y hábitos saludables que nos han ido insistiendo desde el club. Es sencillo y todo el mundo lo puede hacer en su domicilio.

Dos horitas de ejercicio físico, el que se puede hacer en un balcón o en una habitación cerrada, ayudan a tonificar el cuerpo y a que la cabeza se concentre en los ejercicios mientras mis hijas comienzan con sus tareas escolares con la ayuda de su madre.

A las 13.30h es la hora de comer. Por delante nos queda toda la tarde. Tenemos horas para el descanso, para hablar con el resto de la familia, para divertirnos cocinando en pareja, para seguir las noticias y para jugar con las niñas. Lo de siempre, lo más clásico: el juego de la oca, el parchís, cuatro en raya… También le estoy enseñando a mi hija mayor a jugar al ajedrez y me encanta que ellas tengan la iniciativa de inventarse juegos. Y no me escapo sin mi ración diaria de jugar con el ejército de muñecas que hay en casa. Eso no falla. No paramos…  La tarde sirve también para echar un vistazo a los emails, para ponerme al día con las noticias y para ver la información que nos actualizan cada día desde los distintos departamentos del club y a los que quiero dar las gracias por su implicación y la calidad de su trabajo para hacer que todo esto sea más llevadero.

El resto es lo habitual en cada casa: hora de bañarse, la cena, un poco de tele, luces apagadas, besos y cuentos de buenas noches y a dormir. Mañana afrontaremos otro día con la esperanza de que sea mejor y que se vaya superando esta situación tan complicada. Un día menos para salir adelante. Salud para todos y que no cunda el desánimo. No surrender, pericos”


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