Se cumplen 20 años de la inauguración de la casa de la cantera espanyolista. Cuando el 10 de septiembre de 2001 Daniel Sánchez Llibre presidió los actos de inauguración de la Ciutat Esportiva Dani Jarque, era consciente de que comenzaba una nueva era en el fútbol base blanquiazul. Atrás quedaban años de entrenamientos en diferentes campos de Barcelona. Años de ir de aquí para allá en todas las categorías, desde benjamines hasta el filial, pasando por el equipo femenino.

Por fin se centralizaba todo en una misma instalación. La academia, la escuela, la fábrica de talento y sueños se ponía en marcha. El anhelo de décadas ya era una realidad, aunque se hubiera hecho con el idealismo por bandera en un momento en el que la economía del club estaba al límite. Vigilando y controlando hasta la última peseta, desde el nacimiento de la idea hasta la consolidación del proyecto final.

Por esos 60.000 metros cuadrados han ido desfilando cientos de jugadores cada temporada. De allí han surgido futbolistas que han escrito brillantes páginas de la historia deportiva del Espanyol y desde allí se seguirán formando, humana y profesionalmente, a los futuros cracks del primer equipo.

En estos 20 años se ha ido modificando los usos de los campos y de la parcela en función de las necesidades diarias, pero ahora, en una mirada atrás en el tiempo, la instalación ha cumplido con lo que se esperaba, aprovechando cualquier rincón y estirando hasta el centímetro el espacio disponible.

Hoy toca felicitarse ante la perspectiva de que por delante se abre un futuro cargado de nuevos retos e idénticas esperanzas e ilusiones. Las mismas que demuestran cada día los cientos de niños y niñas que atraviesan la puerta de entrada y pasan, con admiración y orgullo, junto a la estatua de Dani Jarque.


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