Uno andaba ansioso por salir de la duda, si era la Copa más incómoda para el primero de Segunda que para el último de Primera. ¿Quién sería el más rápido en tirarla? Osasuna que sale con 9 suplentes y en 30 minutos 0-2. El Espanyol regala los dos goles y como jugada destacada un palo a balón parado en 90 minutos. Intriga resuelta. Además, viendo la goleada del Almería al Alavés, la victoria del Girona sobre el Cádiz y del Rayo con el Elche ya te quedas mucho más tranquilo, la estrategia de tirar la Copa ha salido redonda. Todos nuestros rivales vivirán acongojados con la jugada al despiste del Espanyol, mientras el Almería se centrará en la Copa y nos dejará el carril despejado para el ascenso directo a finales de marzo.

La Copa importa porque vemos el alcance de la competitividad de la plantilla y la ilusión de la parroquia va en ello. Esta eliminatoria nos recuerda que es la Copa de Rufete, por aquellos que nos bajaron a Segunda. Por suerte, unos colgaron las botas y otros encontraron acomodo en Australia. Aun y con ello, tenemos un montón de exfutbolistas por suplentes.

La Copa importa porque Vicente Moreno consigue que nos entren las dudas de nuevo. Si aún pudiéramos haber visto a Max, Jofre, al propio Lozano… pero no, se emperra en enseñarnos de nuevo la misma desgracia que nos arrastró por el lodazal del fútbol. Para justificarse sólo le cabe soltar aquello de “entrenan como nunca y juegan como siempre”.

Un 2-3 competido es tirar igualmente la Copa pero de manera muy diferente a la reiterada patraña con la que suelen obsequiarnos. Que dejen de insistir en enseñarnos los mismos errores, la misma indolencia, la poca actitud e insuficiente aptitud de sobras conocidas, porque no es que tiremos la Copa, es que tiramos del sofá a un montón de niños que ven más provechoso leerse por tercera vez Harry Potter que ver a su Espanyol en pleno domingo de confinamiento.

Tomás Guasch Llovensà

Socio 4.270 i Accionista


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