A las cosas del fútbol moderno nos vamos acostumbrando. Hay elementos positivos como los derechos de televisión que -a pesar de ser injustos- nos dan una segunda oportunidad. Pero también hay “peligrosidades”. Por ejemplo, una vertiente controvertida del fútbol moderno para el Espanyol es habernos convertido en un club chino que sólo tiene el objetivo de monetizarnos. Habrá en ello derivadas positivas pero -como socios y aficionados- debemos no confundir los intereses del Club con la de los profesionales y propietarios “advenedizos” y “pasajeros”.

Cuando uno está necesitado vender patrimonio es una maldita obligación. Que se lo expliquen al españolista que vivió la venta de Sarriá. A partir de ahí, cualquier otra venta es sentimentalmente asumible. Y más si se trata de jugadores, pues un clavo saca a otro clavo. Si además, se consigue un buen precio siempre será más llevadero. Las penas con pan son menos penas. Y en esas estamos los pericos este verano con las cláusulas de los jugadores. Siempre duele vender y subleva hacerlo a precio de saldo. Sin duda vender por un buen puñado de millones es un éxito mayor. Pero en el fútbol –amén de la Cantera- sólo si una venta se acompaña de una mejor compra será una buena venta.


La misión de cualquier dirección deportiva -salvo de Bar€lona y Real Madrid– es conseguir un superávit entre las ventas y las compras. Si hay déficit empieza la espiral de deuda y los problemas. Y es cuando todos los jugadores están en venta.  Entonces, en una situación de equilibrio -como la que nos anunciaron con la ampliación de capital- ¿es necesario también tener a todos los jugadores en venta?

A Mr. Chen le interesa mercantilizar. Su objetivo es transaccionar al máximo para conseguir plusvalías. El famoso Excel de Roger Guasch ya vimos que está pensado para intentar monetizar cualquier aspecto.

Un Club se conoce por sus colores y también por sus jugadores. Sin duda el Espanyol está obligado a ser un club vendedor pero sin olvidar que el último Espanyol exitoso fue el de Tamudo, De La Peña y Luís García. Entonces era un equipo reconocible. Hoy, jugadores como El Panda, Roca y Wu Lei deberían ser el sello de identidad del Club. Jugadores franquicias intransferibles por ficha y cláusula -salvo para el PSG de turno- para construir alrededor de ellos.

En este período contemporáneo -igual que en el pasado- no siempre los intereses del Club estarán alineados con el mercantilismo del máximo propietario ni con en el Excel de su lacayo. Un Club debe tener jugadores intransferibles porque son los que dan identidad y lideran. Apostar por ello tiene su riesgo pero es una política a largo plazo más interesante para el Club que el beneficio de una venta a corto que suele ser especulativa.

Tomás Guasch Llovensà

Soci 4.407 i Accionista.

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