No se puede negar, que el Espanyol es maravilloso por sus propias vicisitudes. Con toda España inmersa en una desescalada por fases que nos saque de una vez por todas de la pesadilla del maldito coronavirus, van los blanquiazules e inician la su particular escalada con el cuchillo entre los dientes. Cualquier hijo de vecino sabe que la entidad barcelonesa ha vivido campeando inclemencias por sus propias contradicciones durante toda su historia, y obvio, nadando siempre a contracorriente. Presumiendo de perro verde.

Se le ha presentado, por tanto, al equipo una oportunidad tremenda para salvar lo que parecía insalvable, con esta nueva competición a cara de perro, que saldó frente al Deportivo Alavés con la primera batalla ganada de las once por disputar antes de que acabe la guerra. La segunda victoria de la temporada en casa, y a puerta cerrada, sin público. Justamente en el mismo estadio en el que le costó la vida, sangre, sudor y lágrimas, lograr la primera con el aliento irreductible de su valerosa afición, siempre empujando con ímpetu  y poderío.  

Las dinámicas positivas se han ido al traste con el parón obligado y, claro, es muy probable que algunas negativas también. En este contexto raro, ilógico e incluso estrambótico, al Espanyol se la ha concedido una segunda oportunidad que le puede ser propicia para continuar su vida en la Primera División. El puñetero y pérfido COVID-19 se ha llevado a mucha gente de bien por delante y, ha golpeado con cruda dureza a muchas familias de una manera tan cruel e inhumana que por desgracia algunos jamás olvidaremos. Sin embargo, cuando una persona sale de una larga estancia en la UCI, o airoso de una grave enfermedad, se suele decir que la vida le ha dado una segunda oportunidad. Un tiempo de descuento, si tiramos de símil futbolístico.

Al Espanyol, parece que efectivamente, la vida le ha otorgado ese segundo round después de haber besado la lona en el primero. En manos de técnicos y jugadores queda aprovecharla. Logrando, de conseguirlo, que para muchos este año 2020 de pesadillas inolvidables no se acentúe en el recuerdo de su martirio, con la puntilla añadida de que el equipo de tus amores se fue a Segunda.

Una triste caída, que por otro lado, de producirse sería hoy mucho menos dolorosa que hace tres meses. Porque, la pandemia nos ha enseñado que aunque para muchos de nosotros el fútbol es la vida, la vida es otra cosa, a pesar incluso del fútbol.

Robert Hernando

Ex –consejero del RCD Espanyol de Barcelona

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