Querido Español:

Te escribo para decirte que este año me has vuelto a hacer daño, sé que tengo una herida, pero esta vez no sé si con una simple tirita se curará. Dejará una gran cicatriz, eso seguro. ¿Sabes una cosa? Con ésta ya son varias…de hecho tengo el corazón bastante rasgado. La más dolorosa fue la de Leverkusen, mi primer disgusto. Pero después tuve otras dos heridas bastante profundas, dos descensos en cuatro años. Aquí unos puntitos de sutura y adelante. Me recuperé un poquito y llegó la más sangrante de todas, y que todavía hace que tenga entuertos en el corazón: la demolición del viejo Sarriá. Aquí tuve que poner un apósito bien grande. ¿Te das cuenta? No dejas de hacerme daño. Una tras otra. Alguien me dijo que los del Español teníamos el corazón de puro hierro, que estuviéramos tranquilos, que con todo lo que hemos sufrido, ningún perico podía morir de infarto. No sé, empiezo a cansarme de que me hagas tanto daño. Pero, ¿cómo explicar la herida de la presente temporada? Esta ha sido un hachazo, una herida aguda, contusa, muy grave, me ha dejado semi inconsciente, y todavía supurará por mucho tiempo. Aquí, un torniquete. De hecho no creo ya que se cure como las otras, porque esta ha sido un desgarro constante. No voy a reprocharte a estas alturas los errores que has cometido, pero sí la actitud y desdén con que los has llevado.

Hoy te escribo muy dolida, muy herida, para echarte en cara que TÚ has bajado a segunda división. Sí, he dicho TÚ, porque has bajado TÚ. Los socios, esos que tenemos el corazón con tantas cicatrices, NO. Los socios no hemos bajado. Y esa es la grandeza del españolismo, que a pesar de todo, no bajamos un solo peldaño ni damos un paso atrás. Tienes suerte Español, tienes una afición que nunca muere, solo se lastima.

Empezaré a tomar anticoagulantes.

Atentamente,

Rosario Mesas Company

Socia Nº 1621


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