El Espanyol está entrando en bucle parecido al de la temporada pasada. La clasificación es bien distinta pero las sensaciones en las últimas semanas tienen síntomas parecidos en algunos tramos de los partidos. Los resultados recientes hacen saltar las alarmas y muchos dedos apuntan hacia el entrenador.

Vicente Moreno ha cambiado su manera de dirigir al equipo. Observamos una notable pérdida de confianza en el banquillo que plantea si realmente el Espanyol tenía la mejor plantilla de la categoría y deja en muy mal lugar a la dirección deportiva comandada por Rufete.

Veníamos de una etapa donde el míster sacudía la alineación con asiduidad. Dando importancia a hombres como Melendo, Monito o Wu Lei. Estos serían los casos más significativos, pero también jugadores como Calero y Lluis han tenido su cuota de protagonismo, pero no han terminado de asentarse en el once del valenciano.

Es curioso el caso de Óscar Melendo. El canterano termina siendo relegado al banquillo con cualquier entrenador. Todos los técnicos que han estado a las órdenes del mediapunta han empezado las temporadas dándole confianza y haciéndole sentir importante, para después dosificar sus minutos hasta prácticamente quedar en el anonimato. Quique Sánchez Flores vio algo especial en él y le hizo tener sus primeros minutos de manera regular en la élite, pero terminó con menor protagonismo. Rubi apostó por él junto a Darder y Marc Roca, pero en el tramo decisivo introdujo a Víctor Sánchez en su lugar. Gallego, su gran valedor, al conocerlo del filial le dio muchas oportunidades antes de ser cesado y cambiar en repetidas ocasiones su rol en el equipo.

Tampoco le fue mucho mejor con Machín y Abelardo. Empezó con fuerza, pero se estancó. En su día Quique Sánchez Flores dijo que no tenía una posición definida que había que encontrársela. Quizás uno de sus grandes problemas sea ese, junto a la mentalidad y atrevimiento. Le falta esa pizca de querer arriesgarse y coger responsabilidad.

Tampoco pasa desapercibido el ostracismo al que ha sido sometido Matías Vargas. El monito llegó con el cartel de futura estrella del fútbol argentino. Los 10 millones que el Espanyol pagó a Vélez son recordados en cada partido, en cada acción negativa del jugador. El monito ha perdido la confianza en sí mismo y parece difícil que la vaya a recuperar.

Calero también vino con una factura de 10 millones bajo el brazo. Con constantes altibajos en su rendimiento no ha conseguido ser importante para ningún entrenador. Los errores en sus primeros meses le han lastrado. Esta temporada ha cumplido a nivel general, pero sigue dejando dudas de su capacidad para liderar una defensa. Algo parecido pasa con Lluis. El defensa tuvo un buen paso por Tenerife, pero no le da para ser importante en un club con tal nivel de exigencia como el Espanyol en Segunda.

Wu Lei es otro jugador damnificado. Su manera de ser y el carácter del jugador chino no suponen un problema para Vicente Moreno. Wu sale igual de comprometido y enchufado sea cual sea su situación. Aunque su menor protagonismo está ligado a la aparición de Nico Melamed y las breves irrupciones de Vadillo.

En definitva, el Espanyol ha pasado de tener la plantilla más completa y competitiva a estar huérfana de soluciones cuando el partido se complica. Mucho trabajo por hacer por parte de Rufete y la dirección deportiva. Es una lectura ventajista de los resultados, pero el deporte profesional no espera. La inmediatez es cada vez más importante.

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