A las cinco de la tarde.

                             Eran las cinco en punto de la tarde.

                                Un niño trajo la blanca sábana

                                      a las cinco de la tarde.

Así empieza el trágico poema de Federico García Lorca por la muerte de uno de los grandes maestros del arte de Cuchares, Ignacio Sánchez Mejías. Pero no teman las huestes de la paranoia antitaurina, no voy a escribir ninguna crónica al mejor estilo del malogrado Vicente Zabala, fundamentalmente por dos motivos: no estamos en temporada taurina, y no poseo ni los conocimientos técnicos ni la belleza plástica de narrar como poseen los maestros de la pluma que ligan, con sumo arte, chicuelinas con navarras, gaoneras o revoleras con un remate en  serpentina.

Mi máxima de mi lamento son las cinco de la tarde. Tarde de domingo, después de la comida familiar. Un rito que se repetía cada quince días. Por la mañana, zafarrancho con los hijos en el parque, paseo matutino con la mujer, asistir a la Misa de medio día, aperitivo con los amigos, comida en casa de los suegros y tarde de fútbol. De camino al estadio, café o carajillo y pacharán.

Los que éramos los hijos en esa época, nos conformábamos en observar a nuestros mayores disfrutar del momento. No había prisas, Sarriá se hacía en un paseo que permitía bajar la comida y parada en el Flores de mayo.

Al entrar en el Estadio, todos íbamos provistos de dos papelitos: una copia de la quiniela y un recorte del diario Dicen… Ese recorte no era otro que el Marcador Simultáneo Dardo. Una técnica publicitaria que hacía que nos aprendiéramos de memoria las marcas comerciales o empresas más de moda de la época. Las radios comerciales, fundamentalmente la cadena Ser y su Carrusel Deportivo con Joaquín Prat, no daban los resultados por los nombres de los equipos, sino por los de las marcas comerciales. Así, Seguros Finisterre podía ser un RCD Español vs. Valencia CF. Era una explosión de emociones concentradas en una tarde. Todos sabíamos cómo programarnos los domingos de fútbol cada quince días.

Eran otros tiempos. Y ahora, bajo la vulgaridad de las televisiones a todas horas; del fútbol hiperinflacionado; de los intereses económicos de sectores poco dados a la conciliación familiar, tenemos fútbol a todas horas. Pues bien. Uno que es dueño de sí mismo no está dispuesto a que un señor que desconoce el valor de la familia como es el Sr. Roures venga a decirme que el fútbol se tiene que jugar los viernes y los lunes a horas intempestivas. Así no. 

Ya hace años, el baloncesto empezó con horarios y competiciones múltiples a los que no podía absorber. Uno tiene obligaciones en la vida como estudiar para ser alguien de provecho y luego trabajar para enriquecerse como persona y dar cobijo a la familia. Me perdí en semejantes vericuetos de competiciones y horarios. Creo que después de los Juegos Olímpicos de los Ángeles no he vuelto a ver un partido. Pues con el fútbol empiezo a sentir esa misma sensación extraña.

Antes, con mi esposa era fácil negociar los horarios y la conciliación familiar. Ahora ya no tengo argumentos ni considero que sea una guerra en la que batallar.

En otras ligas del prestigio como la Premier Leage inglesa, los horarios se conocen desde el inicio de temporada. La facilidad de vuelos baratos, fines de semana con encanto y fútbol son fáciles de organizar. Pero con sólo a dos semanas vista, lo difícil es negarse a ir a la comida con los suegros. El fútbol no puede pasar por encima de otros valores. Y si el sr. Roures tiene una incapacidad innata para entenderlo, los señores de la Liga (Tebas & Cía) deberían poner un poco de sentido común a semejante despropósito.

El RCD Espanyol está sufriendo esta temporada unos horarios que no ayudan a la renovación de los carnets de socio. Sin ir más lejos, la temporada pasada, el carnet de una de mis hijas apenas fue usado. Este año, iniciado sus  estudios universitarios, no ha renovado. Sólo tiene el carnet fan para no perder el número. Puro romanticismo.

Las asistencias al campo son escasas. No pasamos de una media de 18.000 espectadores. Y, por fin, esta tarde contra el Valencia CF, en domingo casi a las cinco de la tarde, nos ha faltado poco para los 26.000 espectadores, casi un incremento del 33%. Pero la amenaza de lunes y viernes se cierne sobre nuestras vidas. Así, no tendremos más remedio que terminar como hemos empezado:

                                     ¡Ay, qué terribles cinco de la tarde!

                                    ¡Eran las cinco en todos los relojes

                                    Eran las cinco en sombra de la tarde!

 

Javier Belsa.

Economista y Perico en vena.

Socio RCDE núm. 2.689

 

1 COMENTARIO

  1. de modo que el inefable roures está detrás de todo esto… me lo creo… el siniestro personaje se las trae… desde luego que el respeto al modo de vida de la familia tradicional no es una de sus prioridades, ya sabemos de qué pie cojea el interfecto… artículo lleno de sensibilidad, memoria y nostalgia… de cuando nos sabíamos las alineaciones de pe a pa… en estos tiempos ruidosos sólo cabe la resistencia íntima… por ejemplo, me resisto a llamar champions a la copa de europa y no sé qué a la copa de la uefa… competiciones que, por otra parte, no parecen hoy a nuestro alcance… en eso nada ha cambiado…

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