Que el fútbol es patrimonio de los aficionados, es algo que han ido olvidando los dirigentes del negocio, porqué así lo ven ellos, como un negocio, o una forma de ganarse la vida, muchas veces a costa de los sentimientos de los que pagan. Pero, a cuenta del coronavirus la cosa ya ha pasado de castaño a oscuro. Sabemos que hay una emergencia sanitaria, y no somos ajenos a ella, ni mucho menos a sus consecuencias, comprendemos que toda precaución es poca para paliar la epidemia  y que cada persona que fallece por el maldito virus, es mucho más que un número más en el contador, sobre todo para sus familiares y amigos.

No obstante, pretender que los encuentros de las  competiciones oficiales en el fútbol de élite se disputen a puerta cerrada es un despropósito mayúsculo que el socio y aficionado no debería permitir. Este hecho, adultera claramente la competición, con más menoscabo, si cabe, para aquellos clubes como el caso del RCD Espanyol, que en las próximas jornadas se juega la vida. Su futuro más inmediato y probablemente el de los tiempos venideros.

Si hay que suspender la competición por tiempo definido o indefinido, se hace, y si hay problemas de calendario por la Eurocopa, pues mala suerte, los clubes no deben pagar el pato por ello, y mucho menos sus hinchadas. Lo más sensato, llegados a este punto, sería hacer borrón y cuenta nueva, dar por concluida la competición, sin vencedores, ni vencidos, sería lo justo, aplicar el sentido común y la temporada que viene empezamos todos de cero.

Si efectivamente, el coronavirus es un asunto de causa mayor, merece soluciones valientes y decididas, no chapuzas u ocurrencias a salto de mata, como jugar a puerta cerrada. Porque, unas gradas de fútbol sin alma son un cementerio, no un estadio, y el Espanyol como cualquier otro equipo si ha de morir, merece cuando menos la posibilidad de caer en el campo de batalla, con el aliento, o la reprimenda de los suyos, la afición dictará sentencia. Pero tiene derecho a poder hacerlo.

Caer derrotados o victoriosos, en un campo desangelado y vacío es simplemente inaceptable. Los jugadores han dado la cara por la suspensión, ahora, es por tanto, el momento de los clubes y sus dirigentes. El fútbol es nuestro, de los que lo pagamos, de los que lo sentimos, de los que lo sufrimos y de los que lo vibramos. Sin nosotros el fútbol no es nada y los que lo dirigen todavía mucho menos.


Comentarios

Comentarios

DEJA UNA RESPUESTA

Escribe tu comentario
Nombre